Cadena de mandos en la política del show




Osvaldo Quinteros

Por orden de importancia, en estos días darán o dieron ya su mensaje a la Asamblea Legislativa nuestros principales gobernantes.
Comenzó con el mensaje a la Asamblea Legislativa de quien decide las principales variables de nuestra economía, las relaciones internacionales, los términos de intercambio, el valor de nuestra moneda y todo lo legal referente a la lucha contra las drogas, las políticas inmigratorias, los derechos de autor, el derecho comercial y aduanero, etc. Nos referimos al presidente Donald Trump.
Luego, Mauricio Macri dará su respectivo discurso en la Asamblea Nacional, lo propio hará Bordet en la provincia de Entre Ríos y el intendente de cada localidad.
Si situamos esta nota en Paraná -aunque se esté escribiendo desde Rosario- encontraríamos un punto en común entre Trump, Macri, Bordet, Varisco. Todos se llevan mal con la Asamblea Legislativa, aunque no tienen problemas en sacar sus leyes u ordenanzas. Todos los presupuestos fueron aprobados en tiempo y forma y a pedir del Ejecutivo de cada lugar y todos esos mismos presupuestos serán poco respetados luego de que conclujan los ejercicios fiscales anuales. Cada vez menos respetados. Es una tendencia mundial.
Una excepción importante es el caso del presidente Macri. Luego de muchos años, el presupuesto aprobado se hizo en base a proyecciones -con las que se puede disentir, por supuesto- basadas en números reales, tras la noralización del INDEC. La subestimación de la inflación por parte del gobierno anterior hacía que los presupuestos votados por el Congreso tuvieran un sesgo de fantasía. El mensaje de Macri podrá eludir más o menos que su año de gestión aumentó todos los índices que prometió bajar y bajó los índices que prometió subir, pero inevitablemente tendrá que hacerlo en base a números reales y constrastables. 
Los parlamentos están siendo debilitados en las democracias posmodernas. Incluso en las repúblicas monárquicas constitucionales, donde sus atribuciones ya eran limitadas hoy lo son aún más. Ni que hablar en las democracias parlamentarias, cuyos mayores hitos se encuentran en Europa occidental pero hoy están sometidas al yugo de la Unión Europea.
Todos los Ejecutivos tratarán de mostrar autonomía frente a estos condicionamientos. La manera de hacerlo implica restar importancia a lo que decidan o puedan decidir los órganos parlamentarios. Es una tendencia de época.
Nace con factores complejos como la posverdad, el gobierno de las audiencias, la telerealidad y la política de las sensaciones. El vértigo de las redes sociales le pone el sello de fábrica. Todos los mandatarios harán una puesta en escena cuidada en imagen. Esta imagen resaltará la presencia del Poder Ejecutivo unipersonal, tendrá los códigos televisivos apropiados en cuanto a color, composición, etc y los discursos abundarán en frases cortas y efectistas más que en números y precisiones. Es la política del show.


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