Trump no es de Boca ni de River



Ezequiel Bauman

Las distintas escuelas de interpretación política han dado su parecer en brillantes plumas mundiales sobre el significado de la elección en Estados Unidos y la marcha de la presidencia del magnate Donald Trump.
Los lectores frecuentes de medios online interesados en el tema conocen de sobra la mayoría de los puntos de vista de todo el arco de analistas que va de conservadores a progresistas, religiosos y ateos, etc. Hoy por suerte se puede acceder desde cualquier computadora o teléfono celular a los principales diarios del mundo o incluso a los blogs de los periodistas más famosos. El consumo de noticias internacionales -entre quienes consumen noticias serias- nunca ha sido tan alto como en esta etapa. Incluso el flujo de información en tiempo real de hechos importantísimos para la vida de los pueblos como las cotizaciones bursátiles y los flujos financieros de las principales capitales mundiales, están disponibles para todos online.
Lo que llama la atención como comentarista es el excesivo enfoque desde Argentina en cuestiones internas que atañen a los Estados Unidos en vez de hacer hincapié en las medidas y discursos de Trump que nos afectan directamente a nosotros, ya sea para bien o para mal.
En Argentina tenemos la tendencia a "hinchar" por cualquier cosa: vemos la política, la cultura, las relaciones internacionales, hasta las noticias escandalosas de la farándula, desde una perspectiva de hinchada. Boca o River. River o Boca.
Esto nos lleva con frecuencia a creer que la Argentina es una gran potencia que dará un ejemplo moral al mundo o por el contrario, que es el país más amoral de la Tierra. Ni una cosa ni la otra.

No es que uno deba permanecer neutral ante acciones de gobiernos extranjeros que lesionan los derechos humanos, pero lo que no podemos hacer es sobreestimar nuestra fuerza y capacidad de incidir en esas decisiones.
Incluso, desde la perspectiva de una ética humanista es más realista concentrarnos en terminar con el 34% de pobreza que azota a nuestro país que "hinchar" por Podemos o Ciudadanos en España, Trump o Clinton en Estados Unidos, Rusia o Ucrania.
Este equívoco es mayor desde la perspectiva entrerriana, dado que nuestra economía subdesarrollada se sostiene apenas por la producción agropecuaria, cuyos destinos de exportación están más allá de las divisiones de los países por distintos motivos o de las cuitas internas de cada nación.


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