Soja, clima y exportaciones

Luego que en la campaña 2014/15, merced a un avance en la superficie sembrada y un mejor rinde promedio, Argentina lograse su récord de producción de poroto de soja con 60,1 millones de toneladas según estimación de GEA-BCR, el ciclo 2015/16 dejó un gusto amargo tanto en cantidad como en calidad de habas de soja recolectadas.
Durante la cosecha 2015/16, alrededor del mes de abril, fuertes lluvias golpearon la zona núcleo generando una notable disparidad de resultados: el grano que había podido levantarse antes de su ocurrencia resultó de buena calidad, mientras que el que quedó bajo el agua, cuando no se perdió por los anegamientos, no alcanzaba en muchos casos los estándares normales de recepción de mercadería. Frente a este panorama las estimaciones de producción debieron ser fuertemente recortadas, quedando finalmente en 55,3 millones de toneladas, un 8% por debajo de lo que había sido la cosecha del año anterior.
Ahora bien, los problemas productivos, naturalmente, presionaron al sector industrial y exportador. El grano que entraba húmedo y dañado significaba una complicación adicional al proceso de descascarado, afectando los atributos de calidad de los subproductos (tanto el contenido proteico de la harina como la acidez del aceite). Si bien pese a todo, la actividad industrial se mantuvo mayormente inalterada, las posibilidades de colocación de la mercadería cedieron, notándose un retroceso en los despachos del complejo sojero en relación al mismo período de la campaña previa.
En relación a la molienda, de los 34,8 millones de toneladas procesadas entre abril y diciembre de 2015, entre abril y diciembre de 2016 se industrializaron 34,1 millones de toneladas, lo que representa una caída del 2%. Ello es bastante más moderado que la reducción en el volumen de producción mencionada más arriba.
Sin embargo, una mayor proporción de los productos obtenidos por la industrialización de soja permanecieron en el mercado interno. En el caso del aceite, ello se explica en parte por la mayor demanda desde la industria de biocombustible. Según la Subsecretaría de Bioindustria, cuando entre abril y octubre de 2015 este sector había absorbido 1,2 millones de toneladas de soja como materia prima para la fabricación de biodiesel, entre abril y octubre de 2016 (último dato disponible) ya había utilizado 1,8 millones de toneladas. Ello equivale a una suba de nada menos que el 50%.
Respecto de la harina, la merma de contenido proteico no resultó gratuita, complicando las colocaciones de mercadería en el exterior. Frente a este panorama, se sucedieron a lo largo de estos meses los avisos de no recepción de grano fuera de estándares de calidad, mientras las empresas de crushing trataban de mejorar los atributos de los subproductos mezclando grano, sea nacional o importado. Efectivamente, según el INDEC, entre abril y diciembre de 2016 ya se han importado un total de 712.650 toneladas de poroto de soja, un 400% más que durante toda la campaña 2014/15.
En cifras, y de acuerdo a lo que reporta el SENASA, los tres principales rubros que componen el complejo oleaginoso (poroto, la harina y el aceite) han visto decaer sus despachos entre abril y diciembre de 2016, en comparación con el mismo período el año previo. En el caso del poroto, se han despachado un total de 11,2 millones de toneladas, con una caída del 15% respecto al año 2015, aunque si la comparación se realiza en relación a los últimos tres años, aún se encuentra un 16% por encima.



EMILCE TERRÉ 🌂


En el caso de la harina de soja, los despachos entre abril y diciembre de 2016 sumaron 16,2 millones de toneladas, un 22% o casi 5 millones de toneladas menos, que durante el mismo período del ciclo precedente. La harina es, además, el único de los tres grandes rubros analizados cuyos envíos al exterior han quedado por debajo incluso del promedio de los tres años anteriores, que se ubica en 16,9 millones de toneladas. Ello está en directa relación con la pérdida de contenido proteico ante los extraordinarios eventos expuestos.
Finalmente, las exportaciones de aceite de soja sumaron en los primeros 9 meses del ciclo 2016/17 un total de 2,9 millones de toneladas, un 34% menos que durante el mismo período de la campaña 2015/16 pero aún un 18% por encima del promedio de los tres años anteriores.
En un intento de alargar el foco para los cuatro meses que restan de la campaña 2015/16, pueden seguirse las declaraciones juradas de venta al exterior presentadas a la fecha. Allí nuevamente queda en evidencia el retroceso de la actividad de exportación del complejo sojero: se ha cerrado enero con un total de presentaciones de DJVE de poroto de soja por 8,5 millones de toneladas, más otras 26,2 millones de subproductos de soja (incluyendo mayoritariamente harina) y 4,3 millones de aceite de soja. Ello es, un 28%, un 8% y un 27%, respectivamente, por debajo de las presentaciones acumuladas a la misma altura del año pasado para la campaña precedente.
Sin embargo, para cerrar recobrando el optimismo, las presentaciones de DJVE del complejo sojero para la nueva campaña 2016/17 evidencian un acelerado nivel de actividad, especialmente para los productos derivados de la industrialización de la haba. Tanto las 590.000 toneladas anotadas para despachar de subproductos sojeros como las 210.000 toneladas de aceites representan un récord para esta altura del año. En términos poroto-equivalente (que se obtiene por sumando el tonelaje registrado de poroto más el de subproductos, ponderado por un rinde promedio del 80%) las declaraciones ya superan el millón de toneladas, el mayor volumen en cinco años.



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