Exterminio de la Nación Charrúa

Wilson Mesa-. El poco conocido plan de exterminio sistemático de los charrúas en el Uruguay.

La línea Caseros – Paraguay

M. Faure

En la configuración del libre mercado internacional durante el siglo XIX, Brasil e Inglaterra fueron la dupla imperial para incorporar y controlar la cuenca Del Plata. También podemos leer la guerra de secesión norteamericana en este contexto.



Caseros (1852) y la finalización de la guerra contra el Paraguay (1870) nos marcan un período de reconfiguración del territorio: ordenar para gobernar, ejercer el poder del mercado acompañando a los nacientes estados latinoamericanos; no puede haber trabas, ni bestias, ni salvajes, ni bárbaros, ni leyes que obstruyan los vientos de libertad que soplan desde Europa.

La Ley de Aduanas era una afrenta al poder omnipotente del mercado. La derogación de la Ley de Aduanas fue el primer acto de gobierno de la alianza anti-Rosas, lo que significó el desamparo de la industria local y la entrega del mercado regional al poder británico.

En América del norte aplicaban la misma receta. El mito de la guerra entre “esclavistas” e “industrialistas” exaltaba la pureza democrática y “libertaria” del mercado, ocultando en el closet de la familia Ingalls, el huevo liberal de la familia Simpsons.

En Ituzaingó (cascada, en guaraní) el criollaje y los gauchos contuvieron a los brasileros que venían cebados de las Misiones Jesuíticas. Pero en Caseros, nos pasaron por encima.

Carnicerías y Banderas; íconos fuertes de la segunda mitad de siglo XIX; la cuenca Del Plata obtuvo su DNI pasando formalmente a ser parte del mercado planetario moderno.

Para esta etapa, la Academia también construye el mito del enfrentamiento entre Rosas y Urquiza, que re-construyo transcribiendo dos cartas de Rosas en 1870 luego del ajusticiamiento del 11 de abril (Cfr. “Las actas del juicio” de R. Piglia):

Carta de Rosas a su amigo Terrero (1)


Sr. Don Federico Terrero
Junio 5 de 1870

Mi querido Federico:
Con recuerdo, aprecio y placer he recibido las expresiones de mi muy amada comadre, las tuyas, María Gertrudis, tus hermanos e hijos.
Expresiones enunciadas en tu muy apreciable de abril 22, que devuelvo a todos con la amistad agradecida que les consagro y con un entrañable abrazo a la primera y con la parte correspondiente a todos sus buenos hijos.
Ninguna persona que haya seguido estudiando en la práctica, la historia de las repúblicas del plata, ha debido extrañar el desgraciado fin de su Excelencia el señor capitán general Urquiza.
Por el contrario, lo admirable e inaudito es, su permanencia en el poder, por grado siempre bajando, a virtud de sus hechos contrarios a su crédito, a sus amigos políticos, y favorables a sus enemigos.
Pocos años después de la altura de su poder, desde cuando ordenó la devolución de mis propiedades, y muy principalmente después de la batalla de Pavón, le he escrito varias veces dándole consejo en orden a la seguridad de su persona, su fortuna y a efecto de prevenir desgracias en su familia.
En mi larga carta, después de esa batalla le dije que habiendo él mismo cometido el gravísimo error, después del triunfo, de pasar todo su poder a sus enemigos, con funesto perjuicio a los que seguían de buena fe su política; su vida y su fortuna, no estaban seguras, si permanecía en la provincia entrerriana.
Que yo, en su caso, reduciría a dinero mis propiedades, y lo pondría en el Banco de Inglaterra para vivir de su renta en el posible sosiego, con mi familia.
Últimamente, poco antes de la triste noticia de su asesinato, le escribí, por complacerlo, dándole consejos implícitos en orden a su testamento, para prevenir después de su muerte, desgracias a su buena compañera y a sus hijos.
En una república de estados federales, el gobierno general no puede intervenir con fuerza armada en algún hecho de armas, puramente interno, en algunas de las provincias, o estados federados.
Y si es, como se dice, que la gran mayoría de la provincia entrerriana está en armas para sostener la aprobación que ha dado, a ese asesinato de su gobernador, cuya persona consideraban ya peligrosa, en y fuera de ella, es en tal caso un hecho y alarma, puramente internos.
El tema de tu carta con la  vara que midiereis con ella serás medido es innegable.
Su E. el Señor Capitán General Urquiza lo ha usado con frecuencia al hablar del descenso del general Rosas.
“Toda mi vida, decía, me atormentará constantemente, el recuerdo del inaudito crimen que cometí, al cooperar, en el modo como lo hice, a la caída del general Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo por los mismos que por mis esfuerzos y gravísimos errores, he colocado en el poder”.
¿Por qué entonces continuaba sus errores y seguía su marcha pública por caminos tan peligrosos y extraviados?
Porque  así  es el hombre en su caso, circunstancias y opulencias en la engañosa condición de su veloz carrera.
Estamos bien de acuerdo en todas tus consideraciones relativas. Y pienso también, lo mismo, cuando dices que las complicaciones que vendrán serán serias y que lo peor de todo son las maniobras del gabinete brasileña.
Que Dios ilumine la marcha pública de los primeros hombres de esas repúblicas y tenga piedad de todos son los votos de tu  agradecido amigo.
Rosas.




Carta de Rosas a la viuda de Urquiza (2)


Noviembre 28 de 1870
Señora Doña Dolores de Urquiza:

Señora de mi estimación y respeto.
Antes no he dirigido a usted esta mi dolorida carta, considerando que las aflicciones de su noble corazón traspasado, no le permitirían, en muchos días, ocuparse, en el todo, de multitud de condolencias fúnebres.
Lo hago hoy, pensando no ser ya prudente demorar más tiempo este deber de mi amistad agradecida.
Cuando también he sufrido la angustia fatal de perder a mi buena compañera Encarnación, conozco el largo tiempo que necesita usted para encontrar algún calmante a su amargura; tanto más, cuando ha pasado por el tormento cruel de presenciar el desgraciado fin del suyo, tan querido.
Sigo compadecido y acompañando a V en los penosos días de su alma desolada.
Cuando, en casos semejantes, es posible respetar y cumplir los preconceptos de la Ley Divina, no lo es la conformidad inmediata.
Ese resultado es obra del tiempo, con los años; a el contribuyen la concurrencia de la filosofía, y la religión; y por el trabaja el llanto continuado, concedido por dios a las personas mayores, y a los niños, para suplir la energía de la edad viril.
Así debe ser para usted, en sus tristes días, algún calmante, para atenuar, en la parte posible sus dolores, la seguridad, que no tenemos por qué dudar de que nuestro noble amigo, el excelentísimo Señor Capitán General Don Justo José de Urquiza, ha pasado a mejor vida, en las delicias eternas, donde ruega a Dios por usted sus queridos hijos, por todos sus amigos, sus enemigos y el bien de su patria.
Disponga usted del íntimo afecto, y mejores deseos con que soy de usted.
Señora, agradecido amigo,
Juan M. de Rosas.

(1) Fuente: Copia de Máximo Terrero en Archivo General de la nación, sección Fariní, legajo 23
(2) Fuente: Original en Archivo General de la Nación, sección Urquiza, legajo 66.