Durán Barba y Lopecito




Lucas Carrasco


Los libros de Jaime Durán Barba son un placer intelectual, un desafío profundo. Queda feo decirlo ahora, bah, el tipo es conocido fuera del ambiente de los intelectuales de la comunicación política en Argentina a partir de que empezó a asesorar a Mauricio Macri, que venía de perder las elecciones contra Aníbal Ibarra.
Ese Macri del 2003 fue candidato a Jefe de Gobierno con una boleta integrada por el Partido Justicialista, la UCEDE, Recrear de López Murphi y un pequeño partido creado por él mismo, un Partido SOCMA, que luego se llamaría PRO.
La actuación profesional de Durán Barba es como reconocido -internacionalmente- estratega del contraataque, es decir, un gestor de crisis inesperadas durante una campaña electoral.
No son lo mismo su desempeño laboral que sus libros teóricos. Aunque es inevitable que haya puntos de conexión. Igual, los desconozco. Porque no conozco a las personas involucradas ni los secretos de su accionar, que en sí mismo incluye pasar desapercibido.
Pero....
El Durán Barba que actúa en Argentina no es el mismo que trabaja en Estados Unidos, Ecuador o Brasil. Acá, por evidente decisión propia, aparece en los medios, se mete en polémicas hermosas -contra Susanti Pancho, por ejemplo, pero no únicamente, se burla constantemente en sus columnas del diario Perfil de varias vacas sagradas de la argentinidad- y niega tanto ser un monje negro que todos lo toman por un monje negro. Supongo que un tipo tan inteligente es consciente de este juego, de los efectos que provoca y hasta parece divertirle ese personaje y esa funcionalidad.
Últimamente está jugando un rol decisivo en la defensa del gobierno nacional. Es el pararrayos.
Los que quieren criticarlo a Macri pero no se animan, lo critican a él. Le endilgan una liviandad que no tiene, pero sí tiene el Presidente, como se puede constatar cuando habla sin libreto. No tanto por la cantidad de boludeces que dice sino por la pobreza del vocabulario, la incapacidad de conjugar verbos de manera correcta y las constantes oraciones sin predicado.
Los alcahuetes discursivos del Excelentísimo Señor Presidente Mauricio explican esta circunstancia semántica como un derivado de su formación de Ingeniero, aunque se haya recibido en una universidad privada sin prestigio en ese ramo y no se le conozca una sola obra de ingeniería. Peor aún. Como si la Lógica, que es un rama de la Filosofía y de la Ciencia, no se aplicara en la ingeniería. Como si resolver un silogismo de la escuela secundaria fuera más difícil que diseñar el Túnel Subfluvial que conecta Paraná con Santa Fe.
 Durán Barba es hoy el pararrayos interno de la temblequeante alianza Cambiemos. La mayoría de los problemas de gestión son derivados de las constantes internas que desde el inicio armó Macri en su gabinete, además de que pretende liderar y decidir punto por punto un modelo económico estatista sin concurrir más de tres días seguidos a su despacho.
Si bien Macri trajo la olvidada novedad de que los presidentes pueden trabajar de mañana, revirtiendo la pesada herencia de la Presidenta Vespertina, continuó con los Feriados Presidenciales que incluyen viernes, sábado, domingo y lunes de cada semana. Políticas de Estado, que le dicen.
Un modelo dirigista sin alguien que lo dirija es un problema. Un gabinete repleto de quilombos que el propio Presidente disfruta y crea, es otro problemón.
Después está el asunto ideológico, los carpetazos, el chamuyo político, los toma y daca legislativos, la separación de poderes y algunas cosas así, de orden menor para cualquier político actual.
Sin Durán Barba de pararrayos las cosas serían aún más complicadas para el Presidente.
Durán Barba suele contar que en los setenta, cuando vino a la Argentina a estudiar, formó parte de la Juventud Peronista.
En aquellos años tormentosos, cuando Perón le daba la espalda a la JP que había fomentado y ensalzado, los dirigentes juveniles crearon la Teoría del Cerco.
La Teoría del Cerco decía que Perón estaba viejo, rodeado de perversos hijos de puta como López Rega, una esposa tonta como Isabel y un descolorido elenco de canas y milicos que parecían Delfín, Tiburón y Mojarrita pero violentos en serio. Muy en serio. Perón, según esta teoría, era ajeno a lo que estaba sucediendo, tanto en el giro económico hacia una mayor ortodoxia como en relación a las bandas criminales que asolaban la lucha interna del peronismo.
Las vueltas de la vida llevaron a que Durán Barba sea el protagonista de esta recreación de la Teoría del Cerco, en otro contexto y con otra gente, con Gente Bien, of course. Que Durán Barba sea el pararrayos.
Con toooooooodas las salvedades del caso porque comparar una época con otra no tiene nada que ver. Sirve el ejemplo a modo de ilustración conceptual.
Eso sí, quitemos el aspecto criminal de López Rega y queda un señor chiquito, de escasa formación, que escribió un papelonero libraco de astrología y que cada vez que habría la boca salía con un domingo siete, sin ton ni son y con metáforas ridículas. Un amanuense de perfil opaco.
Macri no es Perón.
Y claramente Durán Barba es exactamente lo contrario a López Rega. Es un erudito enciclopédico, un hombre inteligente, valiente en su aventura intelectual, divertido, lúdico y con una cualidad tan ajena a lo argentino. Reírse de sí mismo.
El problema de tener un pararrayos así es que entonces el que queda como un boludo es el otro.