Trabajando con robots



Lucas Carrasco

Llevo dos mañanas enteras trabajando con robots. Es una experiencia placentera. Lo único malo es que no puedo mostrar los resultados
Cuando era chico leía novelas de ciencia ficción que mostraban un mundo manejado por robots -para el 2017, cuando yo ya sea viejo: en ese entonces, estar a punto de cumplir 39 años me parecía eso, ser viejo. Bueno, hoy también. Para 2017, el mundo estaría manejado por robots, que harían las tareas más tediosas de la humanidad, como tender la cama, lavarse los dientes y tener limpio el cuarto- me esperaba, creía mi mente infantil, un mundo más fácil. Resultó bastante cierto. Hoy, gracias a los robots que nos rodean, la vida es más fácil.
Pero no imaginaba que yo iba a trabajar con robots, porque sabía que trabajaría escribiendo. No me imaginaba en fábricas llenas de luces supersónicas, guerras galácticas ni pilotando cohetes a Júpiter para llevar una pizza. No hago nada de eso. Sin embargo, estoy rodeado de robots en mi oficina, tantos que se me hace imposible contarlos.
Lo que aquellas novelas que leí no anticipaban era que la mayoría de los robots iban a ser invisibles.
Lo que vos estás leyendo ahora es el producto de una escritura nacida en un robot denominado "procesador de textos". Ha evolucionado, hoy no lleva cables y se publica apenas apriete el botón "publicar" o bien programo la publicación de este texto para el día que quiera, incluso un día que ya pasó (algo muy común en cierto periodismo, que no publica algunas noticias, pero las escribe con fecha del mes pasado, de manera que cuando cobre dimensión el tema, pueda linkearla -cambiándole la fecha- y decir "la publicamos"). Este procesador de textos evolucionado guarda cada 5 segundos lo que escribo, de manera que si se agota la batería, se rompe la pantalla o tiro la notebook por la vent...
Puedo agarrar otro aparato o salir a la calle, buscar la notebook y si sobrevivió físicamente (son cada vez más sensibles a los golpes, en eso se parecen al Mercosur) volver a escribir la frase que dejé 5 segundos antes "o tiro la notebook por la vent...": ventana. En 20 años, según la profecía que le decía a Zambayonny el fin de semana, no habrá ninguna necesidad de usar aparatos físicos como teléfonos, computadoras, televisores, radios: todo estará directamente dentro de la cabeza, a través de microchips que no habrá que insertar quirúrjicamente como la anestesia, a través de una inyección, sino a través de la sangre, comiendo caramelos tipo aspirinas.
Bue, vaya uno a saber qué pasa en 20 años. Lo mejor es que la humanidad se extinga. Y el planeta quede ahí, esperando otros miles de millones de años para crear otra especie parecida a la humana. Una vez creada esta nueva especie, habrá que esperar 40 mil años más para que se vuelva a formar Greenpace.
Volvamos al procesador de texto que no tiré por la ventana, donde estoy escribiendo mis profecías apocalípticas.
Para que sea posible este proceso de escritura y lectura hay detrás miles de robots trabajando en tiempos tan rápidos que para la mente humana es imposible de procesar.
Bien.
Resulta que hay tres maneras de hacer un sitio de internet como Noticias Entre Ríos.
La primera es hacerlo todo de cero. Puede hacerlo una sola persona -le tomaría mucho tiempo- si tiene los conocimientos necesarios. Es casi imposible, pero puede hacerse.
El resultado de tamaño proyecto es dudoso. No creo que funcione. Además de que se tardarían quizás años en publicar el primer artículo. Pero puede hacerse. Eso sí, es imposible hacerlo "completamente solo" dado que los gobiernos no lo permiten. Se pueden transgredir algunas leyes, utilizar algunos huecos legales, pero ni aún así, desde Entre Ríos, es posible. Para empezar, el registro del nombre requiere de un trabajo en Cancillería. Ahí, de entrada, en el primer paso, ya intervienen robots y personas. Ni hablar del hosting propio, los servidores propios, la red propia...no, es prácticamente imposible.
Dejemos de lado esta primera posibilidad.
Vamos a la segunda, la más común. Se contrata una empresa que haga todo.
Por un X valor (que baja astronómicamente si uno contrata una empresa china, en vez de buscar empresas del estilo en Entre Ríos o Bs As) en X tiempo, te dan todo servido y te ponés a escribir o se ponen a escribir los encargados de eso.
Dentro de esta opción, hay muchas variantes. Se puede comprar un sitio grande (lo que antes se llamaba "portal") o chico, se puede comprar uno que pueda tener 200 lectores diarios o 200 lectores por minuto y hasta se puede comprar un sitio que tenga sí o sí 200 lectores diarios o 200 lectores por minuto. Lo que no se puede comprar es que lo lean las personas que vos querés. Solo podés comprar el tratar de que lo lean las personas que vos querés.
La empresa que hace el trabajo, trabaja con robots. La mayoría de los cuales, les cobran el 3% de lo que le cobran al cliente por un trabajo que en realidad no hacen. El caso es que trabajan con robots, pero trabajan -a mi juicio, claro- con los robots equivocados.
Y acá viene la tercera opción.
No en China, no en EEUU, pero sí en toda la Argentina el 99% de las empresas trabajan con un tipo de robots que no es el que me gusta a mí. Se llama Wordpress, el que no me gusta. Es parte de los oligopolios de internet, pero yo prefiero trabajar con otro oligopolio (que tiende a monopolio) alrededor de Google. Por una razón sencilla: para que Worpress funcione, debe trabajar para Google. Si optás por el símil de Wordpress de la empresa Google, te ahorrás todos esos pasos.
La totalidad de los medios digitales entrerrianos -así como la totalidad de las páginas gubernamentales y estatales- trabajan con Wordpress en casi todas sus etapas, incluida la compra del hosting. Los medios más grandes, omiten solo este último punto. En algunos casos.
De la manera en que yo quiero hacerlo, no se puede contratar a alguien en Entre Ríos. Hay algunos que saben hacerlo, pero no quieren hacerlo: dicen (decían) que no funcionaría, que es poco serio, que tiene mal aspecto, entre otras objeciones.
Tampoco conseguí en Bs As ninguna empresa que pudiera hacerlo.
Conclusión: lo hice yo. Nadie duda que me fue bastante bien.
Como ahora cambió la url -ya no es más noticiasentrerinos.COM.ar sino noticiasentrerios.NET.ar- hay que empezar de nuevo toooodo el trabajo con robots.
Es engorroso, hay que estudiar mucho (en algunos casos, como el mío, llevo años y años de estudio de este trabajo con robots invisibles que los lectores no ven. Eso sí, no trabajo para nadie más que para mí mismo, dado que es demasiado fangoso y mal pago este aspecto de las cosas. Gano mucho más escribiendo para acá y allá, que haciendo este otro tipo de ingeniería mecánica. Lo que pasa es que soy obsesivo del trabajo -aunque, en joda, siempre reivindico con admiración la salvaje haraganería de los Generales, los Papas, los Ministros, los Sindicalistas, toda esa gente que dice que el trabajo dignifica pero no está dispuesto a probarlo con sus propias manos- y le meto y le meto hasta que acierto, a pura prueba y error, como es el verdadero estudio) y los resultados son casi secretos.
Nadie los ve.
En cambio, escribiendo notas te pueden putear, aplaudir, difundir, negar, rumiar, pero algo siempre pasa. Más si uno sabe cómo hacerlo. Cómo escribirlo para que altere los nervios, emocione, haga reír o enseñe.
Volviendo.
Como nadie sabe o quiere hacerlo y me cansé de discutir con empresas, lo hago yo. Lidio con robots, tomo cosas de otros países, sitios específicos y voy aprendiendo las novedades vertiginosas. Estudio a Google, trabajo para Google. Suena horrible, pero todos los creadores de contenidos en la web lo hacemos: es el mundo que nos toca vivir, la única diferencia es ser consciente o no.
Los resultados, en el mejor de los casos, se empiezan a ver a los seis meses.
Cuando hay que empezar de cero, como nos pasó a nosotros hace menos de un mes, difícilmente algún resultado tajante se vea antes del año. De un año de constante trabajo con robots, aparte de las notas que eventualmente uno pueda escribir.
Es entretenido y es frustrante, porque todo puede cambiar de un día para el otro, por decisiones tomadas en EEUU por gente que no me conoce ni quiere conocer, aunque tiene robots de procesamiento de datos donde recopila qué cervezas tomo, dónde, con quién hablo, sobre qué, para qué, cuánto dinero gano al mes, cuánto declaro a la AFIP, cuánto no, quiénes son mis familiares y amigos, quiénes mis enemigos, a qué hora me despierto y qué marca de yerba mate fumo en pipa.
Mi tarea consiste en ajustar los artículos a los datos que sé de los usuarios que ahora están leyendo ésto -no sé mucho de vos, no te asustes, apenas sé qué edad tenés, quiénes son tus amigos, dónde vivís, de qué club sos hincha, cuánto ganás, etc, datos menores, que aburren: perfectamente legales y a disposición de cualquiera que deba tomarse el trabajo de estudiar estos gráficos y flujos de datos de visitantes- y, especialmente en esta etapa de comienzo, los lectores potenciales.
Lleva tiempo. Mucho tiempo.
Hay que "conversar" con los motores de búsqueda, con las redes sociales, con las antenas de teléfonos, con los monopolios de sistemas operativos y con los fabricantes de aparatos: computadoras, tablets, etc.
Esta conversación no es cara a cara. Es a través de robots, que logran que millones de personas conversen en segundos. Desde el periodista que está entrevistando a un preso en Filipinas hasta el niño esclavo que en China pone el teclado en la notebook que ahora mismo estoy usando, hasta las antenas que permiten que vos estés leyendo desde tu teléfono y el noruego que se pasa una madrugada escribiendo un artículo en Wikipedia. Gracias a todos ellos, vos estás leyendo ésto.
Todo eso, y más, se condensa en lenguaje de programación, posicionamiento, geolocalización, códigos de inserción, hojas de estilo en cascada, etc, etc, etc.
Robots. Que permiten que este sitio no tenga ningún límite de cantidad de lectores, se pueda leer en todas las plataformas y en seis meses vuelva a ser el más leído de la provincia (otra profecía....jeje).
Robots: no limpian la mesa donde trabajo -que es una mugre: algún día voy a encontrar el origen de algún nuevo animal entre esta montaña de desechos y papeles y computadoras muertas- no me hacen el té blanco de las 9am, ni barren y fregan como en las novelas de ciencia ficción de la infancia. Pero sí hacen la vida más fácil y placentera.
Esta es la tercera mañana que se me va en trabajar con estos robots, aunque la mayoría del trabajo lo hacen ellos y lo hicieron otras personas que jamás conoceré, así como otras personas que jamás conoceré aprenderán algo de este artículo. Tres mañanas y parte de la noche, antes de sentarme a terminar el libro de Jack London, uno más de los cincuenta y pico que escribió.