Subas, subas y más subas



Ezequiel Bauman

El año 2016 cerró con la inflación más alta desde 1991. El sinceramiento de los números del INDEC -un activo valioso y positivo del gobierno del ingeniero Macri- permite avizorar que el primer año de gestión de Cambiemos fue altamente decepcionante, con casi todos los indicadores económicos y sociales desplomados, haciendo de la Argentina un país peor desde que el nuevo gobierno asumió.
Puede que estas palabras resulten hirientes a los lectores esperanzados con el gobierno nacional, pero reflejan la pura verdad.
Las previsiones para este año por parte del gobierno nacional, son cínicas: un 17% de inflación. Pero la primer semana de enero desde el gobierno se echó más combustible al fuego de la inflación: se aumentaron, entre otras cosas, los combustibles y los peajes. Eso significa que todas las mercaderías de consumo popular subirán de precio dado que trasladarlas será más caro. Eso aumento de los costos se trasladará, tarde o temprano, a los consumidores.
A esto hay que sumar los nuevos aumentos en los servicios públicos, que alimentan la inflación por vía doble. Tanto recortando los ingresos familiares porque hay que pagar más de luz, agua gas, etc, como aumentando los costos de producción de los bienes de consumo masivo.
De esta manera, el año arranca con el gobierno echando nafta al fuego inflacionario. El objetivo no declarado es realizar un ajuste en los salarios, por vía de la licuación de su valor a través de la inflación.
A este ajuste se le suma el ajuste clásico que está en marcha, más allá del estéril debate sobre gradualismo o shock.
El resultado es lo que vemos: una economía estancada, que multiplica injusticias sociales y carga todo el peso del ajuste y la recaudación en los que menos tienen.
Muy lejos de la promesa electoral de "Pobreza Cero".