Ser funcional a la impunidad




Graciela “Chela” Castro

Lo sucedido el miércoles 11/01 con el resultado final del “Caso Mizawak”, tendría que ser uno de los ejes de  la próxima campaña electoral: estar a favor en contra del saneamiento institucional de la Argentina.
El miércoles, el cuerpo legislativo entrerriano puso blanco sobre negro en la oscura convivencia del poder político y judicial en nuestra provincia.
Cuesta enormemente creer que por una votación, que a todas luces, se muestra muy pobre de confiabilidad, hoy lo entrerrianos tengamos que pensar si tenemos una justicia transparente e independiente.
Si bien, quienes estamos interesados en que funcionen plenamente los recursos democráticos para nuestras instituciones,  donde la cuestiones se resuelven por mayorías convencidas de su voto, no podemos dejar de observar el lamentable accionar de  los legisladores, responsables de asegurarnos su compromiso con la libertad y los principios plenamente republicanos.
Ayer ha quedado herida la credibilidad de  nuestros legisladores, porque ver como penosamente se presentan dos dictámenes tan contradictorios, es que semióticamente, nos advierten que  funcionó un pacto de impunidad oculto. Observar además, como fue la votación, demuestra que los bloques no son tan bloques y que algunos, descaradamente deciden inmolarse en la inmoralidad a sabiendas que ello no les ha costado políticamente su carrera en razón de que hubo una sociedad desprevenida.
Hoy, debemos volcar todos nuestros recursos  humanos, comunicativos y políticos, para hacer llegar a la ciudadanía el listado de quienes dijeron comprometerse con los principios republicanos y hoy juegan en sus roles enmascarados detrás de las promesas que le hicieron a sus con ciudadanos.
La sociedad debería saber entonces, la importancia que tiene  su voto, contrarrestar la falta de conciencia de los políticos audaces con su propia conciencia ciudadana, informarse y saber que hay dirigentes que no merecen ser puestos por sus votos, en respetables lugares institucionales y que ellos mismos, se encargan de degradar y desgastar con sus conductas sospechadas de todo principio moral y de honestidad. La honestidad, no sólo material, sino fundamentalmente, intelectual.
Hoy quedamos con el sabor amargo que nos deja una dirigencia complaciente con el poder de turno y con la impunidad. Poner todos los esfuerzos para que no se llegue a un juicio político, en lugar de haber facilitado el mismo y darle la oportunidad a quienes son acusados, de defenderse con pruebas contundentes y poder dejar al descubierto su honradez y servicio institucional, optaron por no habilitar el juicio y sembrar todas las dudas posibles no sólo sobre los acusados, sino también sobre los propios “representantes del pueblo”
Insisto una vez más, la última palabra la tiene el ciudadano con su voto y las próximas elecciones legislativas, abrirán una oportunidad para que la ciudadanía ejerza su propio poder de decisión y ponga en las bancas, a dirigentes de mente clara, limpia y honesta que les permita honrar la República.
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