Por qué en Entre Ríos la quita de la devolución del 5% del IVA puede ser positiva




Ezequiel Bauman

Desde este año, AFIP no devolverá el 5% del IVA en las compras con tarjeta de débito. La medida, que estrena el flamante Ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, tendrá un impacto desigual en todo el país.
La razón es que la Ciudad de Buenos Aires, Rosario y Córdoba tienen un alto índice de cumplimiento legal en lo fiscal. Entre Ríos, al contrario.
Por lo tanto, esta medida termina impactando, como en todos lados, en el bolsillo de la gente, aumentando la inflación y encareciendo todos los productos además de deprimir más un mercado en recesión.
Pero además, en Entre Ríos, impacta para bien sobre el empleo informal y los pequeños almacenes de barrio.
Pongamos un ejemplo real (sin nombres ni indicaciones claras, para no ser buchones):

-En la puerta de un gran supermercado en Paraná, hay un verdulero que vende sus productos desde hace añares, hasta el punto que su puesto está instalado con todas las comodidades posibles para un puesto callejero ilegal.
El verdulero compite con el supermercado en varios aspectos:

-La calidad, porque los supermercados tienen las frutas y verduras que sobraron de las ventas en Bs As, en cambio el puestero las trae de las quintas clandestinas. 

-El precio, porque el puestero al no ganar un salario decente, no pagar ninguna carga impositiva y no pagar promociones y publicidad, traslada esos costos menores a los precios, resultando menores en muchos casos. 

- La atención. En el supermercado, las frutas y verduras se pueden elegir, en el negocio del puestero es él quien las elije. Pero a cambio, se obtiene una atención personalizada. 

En contra del puestero, desde la perspectiva del cliente, le jugaban:

-La ilegalidad. Debe abonar coimas o estar sujeto a ser echado del lugar. 

-Las bolsas y demás packaging son de mala calidad y poco atractivas

-NO PUEDE VENDER EN CUOTAS NI CON TARJETAS, NI ACCEDER A LA DEVOLUCIÓN DEL IVA DEL 5% (ahora ese beneficio a favor del supermercado, queda suprimido).

-No puede ofrecer una gran variedad de productos de distintos rubros, como sí lo hacen las grandes superficies comerciales. 

En este ejemplo, real, el puestero no vende ajos ni huevos. La razón es que le deja esos dos rubros a un muchacho que estuvo en rehabilitación por drogas e improvisó un pequeño puestito en la puerta del supermercado con una sillita y huevos y ajos a la vista. Con eso, sobrevive. Le sirve para salir adelante y encarar una vida nueva alejado de las drogas, que complementa con un gran fervor religioso.
Todas las mañanas, llega una camioneta y baja los productos. Como la camioneta es pequeña, solo carga frutas y verduras. Además del conductor, viaja un chico que ayuda a bajar los cajones.
Sin contar las quintas y huertas, hay cuatro personas trabajando en esta venta callejera. Sus salarios son irrisoriamente bajos, casi todo lo que hacen es ilegal y en cualquier momento podrían ser denunciados. Pero no nos engañemos, es la realidad laboral de mucha gente honesta, que de otra manera estaría poblando las villas miseria o delinquiendo.
En las grandes ciudades, no durarían ni una semana: la AFIP, que cuenta con un nutrido grupo de inspectores (y los supermercados, que cuentan con estudios jurídicos y contables que saben "lubricar" a los inspectores) los sacarían a patadas.
Además de que en las grandes ciudades, las ventajas logísticas de las huertas cercanas, los saberes "campesinos" y demás, no existen, excepto que los puesteros sean inmigrantes oriundos de Bolivia, el norte Argentino o Paraguay. En el caso parananense, se trata de gente que se quedó sin trabajo en el campo por la tecnificación. El mercado no los puede absorber y al Estado le resulta indiferente.
Es lo que los sociólogos llaman "la nueva pobreza".
Paradójicamente, la desigualdad fiscal (como un IVA del 21%, los abusivos costos bancarios de las tarjetas, la regulación salvaje del mercado de alquileres, etc) les crearon un hueco para inventarse un trabajo.
No es su culpa que ese trabajo sea en las condiciones que es.

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