Parte de guerra macrista




Hugo Presman


La evaluación de un año de gobierno de CAMBIEMOS, medido a través de sus resultados, es un parte de guerra en el que sólo puede hacerse en lo sustancial y significativo un listado de las demoliciones, de lo destruido, de los daños centrales y colaterales, de los heridos que temen por su trabajo y de los caídos a los que les costará mucho subirse de nuevo al barco de los ocupados.
En la macroeconomía, todo lo que debía subir, bajó y todo lo que debía bajar, subió. Debía subir la demanda, el consumo, la inversión, el PBI, las exportaciones, el saldo de la balanza comercial, la recaudación impositiva en valores constantes, el poder adquisitivo de los sueldos y jubilaciones, pero todo ello ha retrocedido. Debían bajar la inflación, la desocupación, el déficit fiscal, las importaciones, los intereses de la deuda, la recesión, pero todo ello subió.  Y alguna promesa, como bajar la emisión monetaria, permanece casi empatada con la del gobierno kirchnerista.
Más de 6000 negocios  han bajado sus persianas, más de 400 empresas de la construcción  han cerrado, la caída de la industria a niveles cercanos al 2002, cerca de un millón de personas entre trabajadores formales e informales y sus familias afectadas por la desocupación. Caída en el consumo  per cápita de leche y de carne a niveles desconocidos, se triplican los asistentes a los comedores y el número de los mismos. Se multiplican los argentinos en situación de calle. Se destruyen planes como el FINES. Se reduce la entrega de computadoras. Se privatiza el funcionamiento de los satélites ARSAT. Se contrae el presupuesto en ciencia y tecnología y se reduce el número de investigadores. Se subejecuta a niveles injustificable el presupuesto de obras públicas. Se achica YPF, con fines posiblemente privatizadores. Se denuesta a Aerolíneas Argentinas con fines tal vez similares.  Se termina con el Fútbol para Todos, una de las tantas promesas enterradas.  Se solventan gastos corrientes con endeudamiento. Se  absorbe la emisión monetaria con LEBACs al costo de mil millones de dólares mensuales; y en un año se emiten más bonos de banco central que masa monetaria. Se permite la liquidación de las exportaciones hasta el insólito plazo de cinco años. Se financia con endeudamiento la fuga de capitales. Se alienta la bicicleta financiera. Se endeuda al país a niveles que empiezan a preocupar a los propios prestamistas. Se abre desaprensivamente la economía. La política exterior es una retahíla de derrotas desde Malvinas, a la idea de ser el alumno preferido de EE.UU promoviendo la Alianza Transpacífico de Cooperación Económica, cuando el imperio la abandona.
La lista del parte de guerra es interminable. Las declaraciones de los integrantes del “mejor equipo de los últimos cincuenta años” es un catálogo de insolencias, mentiras y provocaciones.
La falsa idea de la independencia del Poder Judicial tropieza con los operadores del gobierno denunciados en los mismos medios dominantes. Lo mismo sucede con la supuesta independencia del Banco Central, una mentira convertida en dogma, a la cual el Presidente violó como es razonable exigiendo a la caricatura de Milton Friedman que bajara la tasa de interés, cosa que Federico  Sturzenegger realizó a regañadientes.
El Banco Central no es una trinchera enemiga sino que forma parte del Estado Argentino.  
La institucionalidad quedó herida seriamente con el intento de designación de dos jueces de la Corte Suprema por decreto; el desmembramiento de la ley de medios de la misma forma y la ampliación de los beneficiarios del blanqueo extendida a los padres,  hijos y cónyuges de los funcionarios por bienes adquiridos con anterioridad al 2010. La detención de Milagro Sala ya tiene repercusión internacional y pronunciamientos claros.
Un panorama con periodistas “independientes” convertidos en militantes oficialistas; medios protegiendo lo sustancial del macrismo;  corporaciones y entidades financieras cogobernando.
Pero más allá del cerco protector, el zafarrancho concretado lleva a los medios dominantes y a integrantes del “círculo rojo” a puntualizar preocupación y errores.
La teoría del derrame enarbolada como bandera, es la misma que violenta la ley de gravedad, porque en la economía neoliberal la riqueza se desplaza de abajo hacia arriba. La transferencia de ingresos hacia los sectores concentrados de la economía se realizó con rapidez y eficiencia. Las migajas del festín son retaceadas desde los mismos sectores satisfechos. Si han conseguido transformar un semestre en un número indefinido de meses. La Revolución de la alegría tiene más lágrimas de dolor que sonrisas.
Prometieron pobreza cero y avanzan decididamente en sentido contrario. Pensaron ingenuamente que ser el primer partido PRO-negocios y PRO-mercado garantizaba una lluvia de inversiones, y lo que han concretado con sus falsos postulados y su inoperancia supina es una lluvia de penurias sobre la mayoría de los argentinos.
Se muestran sorprendidos porque no se obtienen los resultados esperados, más allá de sostener un optimismo de cartón, de libros de autoayuda. No hay que ser egresado de Harvard, para entender que si se aumentan superlativamente las tarifas, se incrementan los salarios y las jubilaciones por debajo de la inflación, se aumenta la desocupación, se infunde el miedo a perder el empleo en aquellos que lo conservan, la caída de la demanda es una consecuencia de manual.
El discurso con el que se vende el relato macrista es un agujero relleno de vacío. El Doctor en Ciencias Sociales, Nicolás Isola, lo desmenuza: “Un periodista indagó a uno de estos pensadores con la pregunta ¿Qué es el macrismo? Recibió la siguiente respuesta: “Es un gobierno que viene a hacer lo mejor posible, de alguna manera”. La distancia imperceptible-pero abismal- entre contestar simple y no decir absolutamente nada. Luego lo detalló: “Lo importante es que cada vez más gente nos crea que somos buena gente tratando de hace las cosas lo mejor posible”
El gobierno puede enorgullecerse de haber tenido éxitos políticos para lo cual ha contado con el apoyo en algunos casos, la complicidad en la mayoría de los proyectos aprobados de las bancadas del PJ y del FR. Las negociaciones, según el diario La Nación, “le costó al gobierno aproximadamente  unos 72.000 millones de pesos”. Hasta el año pasado esto se denominaba el uso discrecional de la caja, expresión que el periodismo actualmente oficialista ha archivado.  
No es un listado exhaustivo, apenas una muestra de una  hecatombe realizada y socialmente aceptada a la sombra de machacar con la corrupción kirchnerista y la pesada herencia. Todo esto está sazonado  con la sed de venganza de sectores poderosos por motivos reales e ideológicos, y de franjas medias y populares que privilegiaron cuestiones secundarias que consideraron fundamentales. Entre los argumentos falaces y contra todas las evidencias, se cuenta el de las expectativas de un futuro mejor con el que el gobierno mantiene aún un apoyo superior al 50%.
Es posible que la explicación esté en que en el 2015 había  dificultades económicas pero el voto a favor de Macri  y  fundamentalmente contra Cristina Fernández, fue político y muy lejanamente económico.
Encontrados diferente Ministros y funcionarios en situaciones endebles o complicadas, las explicaciones tienen la profundidad exhibida por Eduardo Amadeo: "Los Kirchner son el fondo del tacho de basura, nosotros somos gente honorable"
Por todo ello la autoevaluación del presidente Macri que se calificó con un 8 es mezquina. Acá no hay errores sino objetivos buscados que generosamente se los califica de equivocaciones. Para llegar a la idea de refundar a la Argentina primaria-extractiva- exportadora atravesada por el modelo de rentabilidad financiera tiene que ganar las elecciones del año próximo y estar plebiscitado para avanzar sobre lo que falta: poner bandera de remate al país, avanzando con las privatizaciones.  Si el presidente lo consigue, en el retiro espiritual del 2017 no exagerará si se califica con un 10.
De ser así,  el escritor francés Gustave  Flaubert se vuelve contemporáneo cuando afirmaba: “Lo peor del presente es el futuro”
O aquella frase que el novelista Andrés Rivera pone en boca de Castelli, el mejor orador de la Revolución de Mayo: “Si ves al futuro, dile que no venga”

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