No tengo ni la más puta idea





Lucas Carrasco

El diputado nacional Lautaro Gervasoni escribe una inteligente nota para Noticias Entre Ríos  criticando la propuesta de la baja de la imputabilidad de los menores. 
Un párrafo hace ruido: dice que Entre Ríos está a la vanguardia en cuanto a régimen penal juvenil.
Llamo a un abogado experto en la materia para averiguar si es solo una opinión (bueno, todo es una opinión debatible, pero me refiero a si es una locura o hay algo de cierto) y me contesta que es exactamente así, es cierto. Llamo a otro abogado, de orientación política totalmente distinta, me dice lo mismo.
Ambos, claro, se atajan: está la cuestión de la implementación, que es otro cantar. Ese tramo -el de la implementación- sí es más discutible. Ok.
En los años 70, Enrique Medina relata en clave autobiográfica su castigada infancia en un orfanato durante los años gloriosos del primer peronismo, cuyo eslogan "Los únicos privilegiados son los niños" es destruido por las evidencias de la literatura, de la ficción. El libro sale en el 72, arrasa en ventas, luego fue prohibido. Gobernaba Isabel. La prohibición se extendió con la dictadura militar y con Alfonsín recién se pudo leer, al igual que todo el resto de sus libros.
El escritor sueco Stieg Larsson destroza el régimen penal  juvenil más progresista del mundo en su novela Los hombres que no amaban a las mujeres (las dos películas basadas en este libro, la yanqui y la sueca, hacen poco hincapié en este punto, probablemente porque el discurso narrativo del cine tiene otras virtudes y limitaciones). No lo destroza desde el punto de vista jurídico, sino en el tramo de su aplicación concreta. En su porosidad.
El problema, entonces, atraviesa sociedades y momentos distintos, e induce a un claro pesimismo si se toma nota de la demagogia punitivista del gobierno nacional, que busca de este modo erosionar la base electoral del Frente Renovador de Sergio Massa en provincia de Buenos Aires. Massa era hasta ahora el campeón nacional en estupideces penales. Macri quiere arrebatarle ese codiciado lugar, que tanto rinde electoralmente.
A la defensiva, los que nos oponemos a la baja de la edad de imputabilidad que plantean Macri y Massa (como Insaurralde hace dos años) pareciéramos apoyar el opresivo régimen existente para los jóvenes pobres. Es una situación de mierda. Que en el mejor de los casos, solo puede dejar de empeorar.
El optimismo en esta materia, es una ingenuidad imperdonable.
¿Qué se puede hacer? ¿Cómo se puede ser optimista?
No tengo ni la más puta idea.

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