MORDISQUITO EN EL MACRISMO




Hugo Presman

Ya sé Mordisquito….conozco tu discurso desde que me saludás. Veo que ya no exhibís el escepticismo del año pasado que te llevó a considerarte un exiliado europeo en tu país. Sí, ese al que acompañás con el adjetivo “de mierda”, seguido luego de la retahíla de actos de una sociedad que considerás  corrupta hasta la médula y cuyo emblema fue el gobierno de la yegua. Sólo se salvan vos, tu familia más cercana y tal vez algunos amigos. Siempre acotás que estás cansado de trabajar y pagar “todos los impuestos” para mantener vagos. Sos una víctima del Estado que te expolia y de los políticos que son “todos ladrones”, aunque ahora pensás que  afortunadamente nos gobierna gente que no va a robar porque son muy ricos, tanto dueños como gerentes de empresas. Ante tus  empleados, proveedores y contador (cuando hay que pagar) siempre estás en crisis, que en un pase de magia se transforma en situación floreciente con tus amigos del country. Ahí puteás contra los gobiernos populistas, pero te vanagloriás del último viaje por el mundo, los departamentos comprados en Punta del Este y Miami  y el modelo más sofisticado de una cuatro por cuatro. Eso sí: lo conseguiste sólo y exclusivamente con tu esfuerzo. Sos un triunfador en un país donde se compra a la gente por un pancho y una coca o un tetrabrick. De esa desgracia que tiene el país que es el peronismo y su versión más reciente y repudiable que fue el kirchnerismo , pero ahora afortunadamente Macri repondrá al país en la senda correcta superando la noche negra de la barbarie.
Tenés miedo de la crisis mundial y de “la pesada herencia” dejada por el populismo y entonces tomaste las primeras medidas de ajuste. Despediste algunos empleados que te molestaban, suspendiste a otros y se suprimió el café en la empresa y no te haces más cargo del agua en botellones que toman los empleados. Sabés que estas dos últimas decisiones son maquillaje, no influye en tus costos, pero es la escenografía para exigir sin contraprestación monetaria la extensión de la jornada de trabajo,  y así nadie va a venir a joder con aumentos. Imponés una flexibilización laboral de hecho, con la amenaza de más despidos. Eso sí, con los amigos hablarás de la inseguridad jurídica que te lleva a dejar las ganancias en lugares serios. Tu dinero cumple tu sueño. Se aloja en los países civilizados o en verdaderos paraísos….fiscales. Luego acotás: aquí lo que falta es patriotismo, ser más nacionalista. Sin punto y aparte comentas que te trajiste la cámara fotográfica, la notebooks, la filmadora y la alfombra turca de tu último viaje. Que sorteaste al vista de aduana con cincuenta dólares. Y sí, qué vas a hacer, si este es un país de corruptos. Un país donde no se puede salir a la calle porque te matan. Ni te amedrentás porque alrededor tuyo miles de personas caminan por las calles. Lo decís desde la barra del club house o desde La Biela. Cuando se te salta la cadena pedís que “hay que matarlos a todos”. Bueno, entre paréntesis, “todos” no son “todos”. No incluye a los ladrones de guante blanco, a los evasores fiscales, a todos aquellos que son “ gente como uno”. Ahora vas a aprovechar el blanqueo y vas a declarar algunas empresas off-shore, cuentas bancarias y títulos en el exterior. Como bien dijo Mauri, como lo llamás y que te entiende: “no vamos a tener que seguir escondiéndonos como hasta ahora”.
Y seguís: “el país es peligroso por los inmigrantes berretas que permitimos que usen nuestros hospitales, nuestras escuelas que se pagan con el aporte de todos aquellos que cumplimos con todos los impuestos.” Claro, pienso mientras te escucho, solo contarás a tus amigos, con los cuales compiten quién es más piola, que arreglaste la última inspección impositiva con unos pocos pesos. Y que querés, dirás: “este país no tiene cura. Son todos corruptos. A veces pienso que nuestra mayor derrota es haber vencido a los ingleses en 1806 y 1807. Fíjate EE.UU.”
“Para qué sirve pagar impuestos si se roban todo y tengo que mandar mis hijos a la escuela privada,  a la universidad privada, tengo que contratar la medicina privada y la seguridad privada. ¿Para qué estará el Estado que encima quiere meterse con mi rentabilidad? Ahí están los campesinos, el campo, a quien el populismo expropió con las retenciones. ¿Cómo se puede ir contra el campo? ¿Qué se pudo esperar de un gobierno montonero? Tengamos memoria por favor: denigró a las fuerzas armadas, a la Iglesia, se peleó con EE.UU, se arrodilló ante el loro venezolano Hugo Chávez. Quisieron hacer de nuestro país al que amo, una segunda Cuba o Venezuela. Todos países perdedores. Por eso persiguió a los empresarios, los piqueteros se adueñaron de las calles y esto sigue sucediendo ahora que recuperamos las instituciones, lo que me preocupa. Mauri tiene que tener los cojones de limpiar las calles. Como dice Ricardo Roa de Clarín, mi diario de cabecera, el que siempre dice la verdad: “Con los piquetes, CAMBIEMOS es SIGAMOS”
Tenemos que imitar a los países ganadores como EE.UU. Apenas haya un feriado puente, esos que fomentan la vagancia, me voy a Miami. Ahí sí que soy feliz. Pero vuelvo para amargarme con este país porque lo quiero y soy nacionalista, de un nacionalismo bien entendido, para nada xenófobo.
Aquel gobierno de la loca, de la bipolar, estaba copado por los negros y las viejas del pañuelo que siempre defienden los derechos humanos de los delincuentes. Y encima el ex presidente, el marido de la yegua, tuvo el tupé de decir que los argentinos somos hijos de las Madres de Plaza de Mayo, las madres de los terroristas. Entonces recuerdo que dije que prefería ser huérfano. Y luego vino la mujer del tuerto, esa histérica, inepta y autoritaria Presidenta. Prendías la televisión y siempre una cadena oficial, con el dedito levantado diciendo lo que teníamos que hacer,  mientras exhibía uno o más  vestidos por día, sus zapatos que usaba una sola vez, sus carteras Louis Vuitton. Arruinó al campo, degradó a las Fuerzas Armadas, las dos reservas morales. Por eso, aunque no tengo un metro cuadrado de campo salí a cacerolear en aquellos días gloriosos del 2008. Por mi país. Por la Patria.
Tengo miedo de que vuelva el populismo. Que los negros, la barbarie, vuelvan con su soberbia y que los civilizados tengamos que ser extranjeros en nuestro propio país. Por suerte un gran gobernador como Gerardo Morales metió presa a ese peligro que es Milagro Sala. Que se quedó con el dinero de nuestros impuestos y le hizo gigantescas piscinas para los cabecitas patas sucias, como si ellos con su falta de cultura la pudieran disfrutar.
De solo pensar que vuelvan, tengo miedo a que nuevamente vivamos la pesadilla de ser Venezuela. Que no tengamos  libertad de prensa como nos alertaban los periodistas serios e independientes en la década saqueada. Miedo a volver aislarnos del mundo civilizado y que el Estado me diga cuántos dólares puedo comprar con mi dinero, típico de un estado totalitario.
Tengo miedo que otra vez el pasado nos deje sin futuro. Movilicémonos  y marchemos toda la gente de bien para consolidar este gobierno que tanto nos costó poner en la Rosada.
Me trae la ilusión de vivir  un revival de las maravillas del 1 a 1. Cuando el mundo era un pañuelo y todo era tan barato. Bueno te voy a dejar. Tengo que retransmitir una cadena de e-mail que dicen la posta: los hijos de la Bonafini están vivos en París. Derechos Humanos. ¿Quién se acuerda de los derechos humanos de la gente como uno, decente y que paga todos los impuestos? A la noche tengo una reunión de consorcio y voy a pedir, exigir, que una familia  que ha ocultado que su hijo tiene dengue se vaya del edificio. Tenemos unanimidad. Es un edificio en el barrio de Belgrano. Vos me conocés y sabes que soy democrático, creo en las instituciones, no soy discriminador, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados y que todos suframos la pandemia. Creo que este país se irá para arriba cuando controle la inmigración, sin bolivianos, peruanos, paraguayos. Si me tirás la lengua, no me gustan los judíos. Siempre en víctimas. Por algo será que los persiguen. Y tampoco los gays y lesbianas, bah, los putos que son unos degenerados y esos enfermos como los travestis. Pero los peores de todos son los cabecitas negras. Vagos, borrachos, peronistas, que usaban el parquet de los departamentos que les regaló Perón para hacer asado y ahora los planes sociales para el juego y la droga. No aprenden más. Regalan pescado en lugar de enseñar a pescar. Sin educación, este país no va para ningún lado. Va a terminar siendo el paraíso de los cartoneros. Tengo miedo que los cartoneros les hagan algo a mis hijos, mientras el Estado hace beneficencia con nuestros impuestos.
Mañana voy a gestionar un subsidio para mi empresa. Algo me tiene que devolver el Estado. Por suerte que hay periodistas que tienen la honradez de decir cosas parecidas a lo que pienso, como ese héroe de la libertad que es Jorge Lanata, la profundidad de los editoriales de Marcelo Longobardi, la enorme comprensión de Jorge Fernández Díaz o el nivel insuperable de “Intratables”, con mis ídolos Santiago del Moro y Paulo Vilouta o “Animales Sueltos” con el gran Alejandro Fantino y sus panelistas tan equilibrados.  Y cuando me asaltan las ganas de leer me resultan imprescindibles autores como Fernando Iglesias y Silvia Mercado.
Todos ellos son para mí tan imprescindibles como  para nuestro gran presidente hacer yoga, los retiros espirituales, Jaime Durán Barba, el Raví  Shankar, o el notable filósofo Alejandro Rozichner.  
A esta altura, mi paciencia estaba agotada. Le iba a decir ¡A mí no me la vas a contar Mordisquito!,  ¡ Yo te conozco!  pero decidí irme lo más rápido con un simple  “Chau Mordisquito” y esta acotación: “Mi miedo es distinto al tuyo. Tengo miedo de tus  miedos. Ya estaba lejos, por eso no escuchó el agregado: qué te convierten en un pichón de fascista.”

Suscribirse

Información sobra. Falta entenderla

Qué piensa el falso Pacha Mori

"Los intelectuales no tienen relación con la realidad"

Rosario Vera Peñaloza y los jardines de infantes

Stella Berduc, la avanzada