Mizawak, salvada




Lucas Carrasco

Con sus trajes a medida, peinados brillantes y la parafernalia de asesores con papeles, los diputados entrerrianos se sentaron en sus bancas y dejaron pasar los prolegómenos del ceremonial legislativo y fueron al grano (en el culo): la defensa de Claudia Mizawak.
El diputado justicialista Diego Lara Lara comenzó, con voz monocorde, una especie de sermón introductorio que duró casi una hora. Las palomas del techo se fueron a dormir. Alguien bajó el tono de la luz y pusieron música funcional, de esas que usan en las clases de yoga.
Luego de esta breve introducción, donde lo más rescatable que dijo fue "gracias, señor Presidente" el diputado Lara Lara fue a los hechos. Bah, empezó otra parte de un extenso, aburrido, intensamente aburrido monólogo que fue interrumpido a las dos horas y media por Urribarri, para decir que él no es socio de Claudia Mizawak "y quiero decirlo acá, que están presentes sus hijas". En los palcos -obedientes- dieron vuelta la cabeza, para ver a las hijas. Muy lindo todo. Pero el show debe continuar.
El diputado Lara Lara, entonces, prosiguió con su lexotanil. A esta altura, estaba contando cómo se salvó una gacela de las garras de un feroz tigre en un documental de esos que ven comiendo chocolate los que andan con los ojos rojos a las 3 de la mañana. Ningún diputado de la oposición se paró sobre su banca y le arrojó un florero para que abrevie. Las formas, ante todo: ay, los republicanos, tan educados, tan aburridos.
Una catarata de citas jurídicas forzadas explicaba que los mismos hechos por los cuales se juzga a Chiara Díaz no se aplicaban a Mizawak porque...No entendí por qué. Pero era lo que quería decir el diputado Lara Lara (a esta altura, ya la mitad de la oposición roncaba en sus butacas: punto para el oficialismo). Los mozos servían café para prolongar la agonía. Parecían disfrutar esta agonía, manga de sádicos. Los mozos, como todos sabemos, son seres humanos sádicos y se reúnen en una cofradía secreta -quizás en los sótanos de esta Casa Gris, grotesca y gris- para burlarse de la importancia que se dan los señores diputados, que total vienen y van, mientras ellos siguen sirviendo café. Con edulcorante.
Afuera, una hermosa luna de enero miraba a los fumadores y policías que bostezaban, puteando bajito. Los perros se echaban bajo los árboles de la plaza, en medio de las veredas rotas. Un montón de chicas pasaban camino al parque Urquiza con sus equipos de gimnasia, ajenas al momento cumbre del diputado Lara Lara. Los seres humanos normales tienen esa particularidad: les importa un carajo las peleas por el poder. Oh, la gente normal. Siempre tan tonta.
Al mediodía, el bloque de Cambiemos presentó un contundente dictamen donde, además de todo lo que se sabía sobre Mizawak, le agregaban información de Migraciones: la jueza firmaba despachos no estando en el país y cobrando viáticos por ir a lugares distintos.
El diputado Lara Lara, para ese momento, estaba explicando la historia de la Roma Antigua y una receta de cocina de su abuela, una linda receta de buñuelos. De manzana, creo. Que explicó rápidamente: apenas se habrá tardado unas seis horas. Tres cuartas partes de la oposición ya se apilaban en camas cuchetas improvisadas en el medio del recinto. Parecía un piyama party.
El diputado Lara Lara seguía hablando. Eterno y somnoliento. Probablemente termine el domingo o el lunes. De la semana que viene. Yo me levanté y dije basta. Salí, rumbo a mi casa. En el pasillo estaba Urribarri. Hola. No me saludó. Qué hombre rencoroso.
Volví a mi casa y abajo había una reunión de consorcio. Se estaban matando porque faltan 6 mil pesos. Eso sí que es un debate.
Los Juicios Políticos no los ganan los que argumentan mejor ni los que tienen razón, los ganan los que tienen más votos.
Así que Mizawak será salvada y Chiara Díaz condenado.
Un punto a favor de Mizawak es que no trató -como Chiara Díaz- de extorsionar a los legisladores, que nos podrán gustar más o menos, pero se los puede remover con el voto. A los jueces, ni a palos. Son una monarquía patética y vulgar, a la hora de aferrarse a sus privilegios. Menos dignidad que un chancho en el matadero.
Y ese es el punto positivo de esta noche, que aún continuaba: ahora la población sabe cómo funciona y cuál es la calidad intelectual y ética de quienes juzgan y juegan con la vida de las personas.
No es un asunto menor.
Es obvio que los monarcas prefieren no salir de sus madrigueras. Es obvio que prefieren la oscuridad.
Esta vez, perdieron.

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