La UCR y Urribarri, tienen todo para ganar




Osvaldo Quinteros

Lo que está sucediendo en la provincia de Entre Ríos es el resultado directo de un nuevo contexto político, aunque esto no quiere decir que la población vea sus intereses reflejados en las peleas de los dirigentes.
En principio, tres cuartas partes del electorado votaron en contra del oficialismo reinante en la Nación, la provincia y casi todas las cabezas departamentales en las intendencias. Esta tendencia opositora se descompensó por el giro a lo Borocotó de Adrián Fuertes (que fue borrado del mapa político, tal como anticipábamos en esta columna) por un lado, pero se volvió a compensar con el giro a la derecha macrista del gobernador Bordet. Afuera quedaron los kirchneristas, que se reconvirtieron -el caso de los Urribarri y los Cresto- o se mandaron a guardar en un precario equilibrio aceptando el nuevo giro, como en el caso de Julio Solanas, con espaldas suficientes para campear el mal clima, y otras figuras menores como Barreto y Huss, de La Cámpora. que todo indica terminarán en la marginalidad política.
El radicalismo, a su vez, comparte el poder con el PRO, un partido poco experimentado y demasiado voraz detrás de las cajas públicas. Su desarrollo en Entre Ríos se restringe al loby de los agronegocios y la voracidad por contratar ñoquis en la administración pública.
El radicalismo, sin embargo, relega protagonismo político en los dirigentes nacionales ajenos como Rogelio Frigerio, que carecen de un conocimiento territorial y resultados de gestión a la medida de sus ambiciones. Y eso que es el único que de vez en cuando pisa los hoteles lujosos de Entre Ríos para dar alguna orden a sus empleados/militantes y hacer cien mil operaciones de prensa. En todas las operaciones de prensa intenta minimizar a Varisco y dejar como una estatua obediente a Bordet. Le funciona, en su microclima. La gente ni le presta atención.
En este contexto, se respira un nuevo clima general, de mayor pluralismo, que paradójicamente viene de la mano de un vaciamiento ideológico y de cierta onda naif que favorece a dirigentes insulsos como Adán Bahl.
Se hace visible para la dirigencia el malestar con el Poder Judicial -la dirigencia política se sube a este malestar ciudadano para resolver su propios problemas, ajenos completamente a los reclamos de la gente de a pie- y brotan como hongos causas y denuncias que ahora cobran otra dimensión. Porque antes existían, solo que no eran visibles. Además de que la sociedad no quería oírlas. ¿Ahora sí? Quién sabe. Clarín gasta tantos cartuchos en su obsesión permanente que terminan victimizando a Cristina Kirchner y algo de eso se va a ver reflejado en Entre Ríos.
Los restos dispersos del peronismo sin rumbo ven que Urribarri tiene una estrategia, un horizonte y una serie de tácticas: eso sí, todo se resume a su situación judicial, política y económica, sin ya ninguna ideología y con una nostalgia de gestión que en solitario magnifica en Facebook. Por su lado, Bordet, aparece sin personalidad, sin rumbo y medio tonto, incluso: mientras se deciden las cosas importantes siempre está viajando por Europa o repitiendo como un loro las editoriales más gorilas del diario La Nación. La prensa macrista orilla entre tratarlo como un boludo o como un peón de Cambiemos. Jamás le destaca nada en su haber. En Entre Ríos, tampoco.
Los dirigentes políticos que tratan de congeniar su pasado inmediato con la nueva realidad, como el ex vicegobernador José Cáceres o la ex intendenta Blanca Osuna, no logran encontrar -ni con sus mayores esfuerzos- algún mérito de Bordet, más que la pertenencia al peronismo. Cosa que pone en duda el propio Bordet cada vez que está en su casa (en Buenos Aires). Bordet duerme en una cama cucheta que le armaron en TN compartiendo habitación con Margarita Stolbizer.
La voracidad de poder de los Cresto en Concordia ha dejado a Bordet, encima, como un homeless. Temeroso de meterse en el quilombo interno de Paraná, teje relaciones de subordinado fotográfico con cualquier empleado de menor categoría que trabaje en el PRO Sociedad Anónima.
Falto de política, con una economía desastrosa, sin embargo hoy la ausencia de gobierno y gobernador le juega a favor a Bordet porque todo el escenario lo ocupa Urribarri, recibiendo golpes y dándolos pero de espaldas a la opinión pública.
El radicalismo ve que este escenario conveniente para todos los peronistas es un escenario defensivo a su vez para el justicialismo y confía que el PRO siga perdiendo volumen electoral al ritmo de sus constantes mini escándalos (hay que tener en cuenta que los principales viceintendentes del PRO ya quedaron quemadísimos para la opinión pública en apenas un año de gobierno y no lograron instalar un solo candidato presentable) y la sociedad, cuando se exprese electoralmente, reacomode en las urnas lo que los Borocotó y sus habituales estafas al electorado, le arrebataron.
En un clima de escepticismo, con una economía deprimida y sin ningún horizonte épico a la vista, el escenario, por decantación, favorece a la UCR. Los peronistas de todas las tribus internas y externas al PJ lo notan, por eso buscan unirse. Les falta saber unirse detrás de quién. Por ahora, no lo dudan - y el salvataje a Mizawak lo mostró claro- hasta nuevo aviso, se encolumnan detrás de Urribarri. Con Jorge Busti a la cabeza. Alasino ala cola. Cresto donde pueda colarse. Pero también los otrora combativos kirchneristas que hoy piden disculpas hasta para ir a un acto de Máximo Kirchner.
El día a día de la vida de los entrerrianos de a pie se decide en Buenos Aires. Pero aunque los máximos dirigentes de la UCR y el PJ vivan en Buenos Aires, las decisiones económicas y políticas que afectan la provincia no las decide ningún entrerriano.


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