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La UCR a la deriva




Osvaldo Quinteros

La UCR renueva más diputados que el PRO, ni que hablar de senadores. Hablamos del ámbito nacional dado que en la provincia de Entre Ríos no se elige nada ni hay ningún legislador del oficialismo nacional que se destaque por su labor para la provincia ni tenga alguna relevancia para el gobierno nacional o para el armado de Cambiemos.
La UCR tiene que renovar 24 de sus 39 diputados nacionales, más de la mitad de su bloque en la cámara baja y un tercio en el Senado, 3 senadores sobre 9.
En sus constantes reclamos a Macri, donde mezclan cuestiones ideológicas con pedidos concretos, sobrevuela siempre esta cuestión, dado que la UCR hace rato ha decidido no ser un partido ejecutivo y abandonar a su suerte a quienes presiden gobernaciones o intendencias. Su interés vital lo sitúa en el Congreso.
Algo de este espíritu radical se presuponía que podía cambiar con el arribo de Gerardo Morales a la gobernación de Jujuy, pero su gobierno es una verguenza a escala mundial y ningún radical sensato se quiere hacer cargo de ese feudalismo racista que averguenza a la Argentina toda en cualquier foro mundial.
Macri le está dando cada vez más espacio ejecutivo -cajas, en la jerga que tanto abominaban y hoy vuelven a usar- en el gobierno, pero los elige él a sus funcionarios, no el partido. De manera que el radicalismo no es un partido incentivado a defender al gobierno ni a Cambiemos, sino que está dividido entre quienes buscan renovar las bancas y acaso aumentarlas para aumentar su poder en el Congreso y quienes son funcionarios del partido y se disciplinan al liderazgo personalista y fanatizado a Macri. Un liderazgo que va siendo moldeado igual que el de Cristina Kirchner pero sin ideología, sin ninguna épica ni sin una razón concreta, más que los privilegios y el enriquecimiento a costa del pueblo de los funcionarios, para estar ahí.
Por eso los radicales no defienden ni siquiera sus funcionarios, ni asisten a las juras de los relevos donde uno de los suyos va a parar a las cajas vacantes, como los resonantes casos de Dujovne (ministro de no se sabe qué) y González Fraga en el Banco Nación, el primero, ñoqui del bloque radical en el Senado y el segundo ex candidato a vicepresidente en la fórmula con Alfonsín, que hoy en su desesperación por renovar la banca se reúne con Massa.
El 17 de febrero y luego de varias postergaciones, quizás el radicalismo se reúna en la costa atlántica para presionar a Macri por más lugares en las listas. Mar Del Plata, la ciudad elegida, es para poder juntar a los que están de vacaciones. El municipio es gobernado por el PRO, con un intendente de ultraderecha que haría reír a Donald Trump.
La juntada playera de los radicales tiene como principal objetivo que el hijo de Alfonsín renueve su banca, para luego empezar a hacer críticas "progresistas". El objetivo de la UCR es no quedar pegado esta vez a una eventual debacle del gobierno nacional. Pero mientras tanto, refugiarse en el Congreso para sobrevivir.
Como carecen de votos a nivel partido, esta presión de palacio solo será efectiva si al gobierno nacional le sigue yendo mal, que es el deseo inconfesable de los disciplinados diputados radicales, que votaron con fanatismo lo que se les pide, votaron y votan su propio suicidio partidario.
No es la primera vez que lo hacen.
Ni es la primera vez que tienen este tipo de discusiones.
Lo que nadie quiere recordar es lo que, por eso mismo, más presente está: el período nefasto de Fernando De La Rúa.