Hijos de puta




Aki Tejerina


“Naaaadie se atreva a tocar a mi vieja.”Pappo
La otra vez hablaba con una pulposa camarera colombiana en un bar hipster de Palermo Haifa (Villa Crespo).
Aquejado de una obviedad supina, por sacar tema le pregunté qué opinaba de la serie Narcos, Pablo Escobar, etc etc etc.
“Ese man era un mamón” me respondió tajante la señorita, portadora de una perturbadora yunta de implantes esssstratégicamente alojados entre los músculos pectorales y las glándulas mamarias.
¿Qué es exactamente un mamón, se preguntarán Vds.?
Pablo Escobar, el famoso narco, era un mamón patológico de marca mayor.
Ególatra, megalómano, pisicópata, carisssmático, cruel, caprichoso, desalmado, asesino, mujeriego, putañero, misógino.
Fue capturado y cocido a balazos porque las autoridades sabían que el muy mamón llamaba a su mami religiosamente todos los días.
Pero todos los días.
Alto mamón.
Con un poco de paciencia los investigadores fueron cruzando llamadas y armando el rompecabezas de sus guaridas y aguantaderos hasta que dieron con el lugar y el momento para encontrarlo.
Todos hemos visto el fiambre, semiobeso, mórbido en todos los sentidos de la palabra, agujereado como un colador, vestido de jogginetta, tras encontrar la muerte corriendo por los tejados de una zona residencial de Medalla.
Aunque hay quien dice que en realidad fue todo una maniobra, una cortina de humo.
Que en realidad vive.
Posiblemente con otros mamones reconocidos, tal como Néshtor y Shabrán.
El mamón, epíteto muy difundido en toda Sudaquia, es un producto típico de la crianza en culturas latinas.
Las madres latinas son una fábrica de mamones.
La mano que mece la cuna, reza el clisé.
El vocablo “mamón” tiene distintas acepciones yuxtapuestas y complementarias en México, América central, Colombia, etc.
En un primer momento pensé que venía por el lado de la homofobia tan arraigada en la patria grande y supuse que quería decir “maricón” o “trolo”, un hombre que se la mama a otro, es decir que le practica sexo oral.
No es así.
Mala mía.
Un mamón puede ser un egoísta, un mal bicho, un tramposo, un “sorete”, un ventajero, un aprovechador, un chanta, un vendehumo.
También aplica a alguien que se comporta con arrogancia, altanería, vanidad y/o desprecio al prójimo, particularmente si el prójimo es más débil.
Un compadrito.
Un mamón es un narcisista, un egocéntrico, un sujeto sin sentido de la empatía.
En el mejor de los casos, el mamón es un malcriado, un caprichoso, un pavote, un frívolo.
Inmaduro, flojo, complaciente, pueril.
Típico producto de madre latina.
En el peor es un hijo de puta, la descripción de manual del cuadro de pisicopatía.
En ciertos contextos, me dicen, también aplica al borrachín.
En su sentido más literal, el mamón es el ternero que no ha destetado, que sigue amamantando.
“Ese gurí es un mamón” dirá una comadre malintencionada respecto de un chaval demasiado apegado a su mamá.
Rara vez se usa el epíteto para describir a una persona de sexo femenino.
El concepto o la acusación de “mamona” no es habitual.
De mayor, el mamón suele ser mujeriego, inconstante, infiel, chiquilín, holgazán, amoral.
El mamón se cree pícaro, que se las sabe todas, cree estar de vuelta pero vive autosaboteándose y después se jura una víctima de circunstancias exógenas y/o culpas ajenas.
El mamón se siente libre y cree vivir sin ataduras.
En realidad, es alérgico al compromiso, emocionalmente débil, tiene pánico de salir herido.
Detrás de todo picaflor siempre hay un flojo, un cobarde.
Un mamón.
El mamón es incapaz de respetar normas de convivencia porque la principal figura de autoridad en su vida, mami, le ha permitido y perdonado todo y lo seguirá haciendo.
El mamón es acomodaticio, relativista.
Su ego herido lo traiciona a cada paso.
El mamón por lo general muestra un bajo o discreto desempeño académico y escasas inquietudes intelectuales.
Lo que los shankis llaman un “underachiever”.
Es un sujeto existencialmente negligente, abúlico.
En su mente el mamón ya ganó antes de empezar la carrera porque su mami le ha dicho una y otra vez hasta el hartazgo que es especial, único, irrepetible.
No tiene nada que probarle a nadie, está guiado por apetitos, no por aspiraciones ni metas.
El mamón es apático e incurioso para el aprendizaje porque recibe constantes andanadas de elogios de su mami y no le hacen falta los de sus educadores, mucho menos los de la seño.
La madre del mamón, obbbviamente, se las agarra con la maestra si su hijo saca malas notas.
El gran problema para educar a un mamón es que si se lo elogia demasiado se desmotiva y se conforma con poco, pero si no se lo elogia lo suficiente se frustra y baja los brazos.
Se suma el hecho de que el mamón es holgazán, le cuesta una barbaridad apoyar el culo, abrir un libro o estudiar.
El mamón detesta laburar, lo considera una pérdida de tiempo inexplicable, indigna, humillante.
O bien ni se le cruza por la cabeza.
El mamón cree que está para grandes cosas (porque su mami se lo hizo saber una y otra vez) y que trabajan los giles.
Si no le queda otra que laburar, lo hace a media máquina, a desgano, con pataleos, cuestionamientos y microsabotajes a sí mismo y a los demás.
En equipos de trabajo el mamón es altamente tóxico: contamina todo lo que toca, roba méritos ajenos y encima es obsecuente, un trepador desvergonzado.
El mamón siempre apelará a la obsecuencia antes que al mérito o los resultados.
¿Por qué es así el mamón?
Porque todos los premios y los nulos castigos que recibió de mami a lo largo de su crianza fueron por ser él, por ser especial, no por esforzarse ni por superarse.
El mamón no sabe hacer la cama, cree que se hace sola.
El mamón dejaba la ropa sucia tirada por ahí y a los dos días aparecía lavada y planchada.
El mamón jamás cocinó un huevo frito ni lavó un plato.
Su mamita, creyendo acaso que le hacía un bien, siempre le ahorró esos menesteres.
El mamón es intensamente incapaz de acometer tareas que lo aburren o no le producen satisfacción inmediata.
El mamón es incapaz de posponer, y mucho menos detener, lo que le produce placer.
El mamón vive indefenso ante el deseo, los apetitos y la tentación, no tiene herramientas emocionales para confrontarlos y mucho menos para superarlos.
Su santa madre se desvivió por complacerlo en todo desde la más tierna infancia y de adulto el problema ya es irreversible.
El mamón no puede parar de comer, especialmente si son las milanesas de mamita, y después se acompleja si está gordo y feo.
Al mamón lo pierden los dulces porque le resulta imposible negarse algo que le brinde placer.
El mamón viviría comiendo flan con dulce de leche y haciéndose tirar la goma.
En un shacuzzi.
Si no lo miman terceros el mamón se mimará a sí mismo.
Ergo es muy onanista y muy permeable a las adicciones.
El mamón es vulnerable, acomplejado, llorón.
Otra cosa que pierde al mamón es eso a lo que su madre le malacostumbró en cantidades industriales: atención.
El mamón es capaz de matar, figurada y literalmente, a cambio de atención.
¿Auto deportivo de color estridente? Mamón.
¿Tatuajes? Mamón.
¿Actor o rockero? Recontramamón.
¿Oversharing en redes sociales? Mamón.
¿Lo mileñals? TREMENDOS MAMONES.
¿El tango y los tangueros? Mamonería llevada a su enésima expresión artística: lloriqueo, putas, falopa, mami, mami, mami.
El mamón, obviamente, necesita tener un putón al lado.
Gravitará siempre a salir y noviar con mujeres llamativas.
Para él son conquistas, trofeos, piezas de caza, mascotas de alto pedigrée.
Obviamente, en su eterno ciclo de masoquismo y autosabotash, al cabo de poco tiempo muere de celos y/o pierde el interés.
El mamón entiende el amor, en sus diversas acepciones, como entiende prácticamente todo en su vida: como un apetito que debe ser saciado lo antes posible y como sea.
El amor en su sentido estricto, el amor bíblico, es decir la empatía, comprensión o solidaridad con el prójimo, es para el mamón algo que hay que recibir lo más posible y reciprocar sólo cuando no queda otra.
El otro amor, el amor romántico y sexual, también le cuesta horrores porque para el mamón en su eterna adolescencia ninguna mujer será nunca más que una suplente de la verdadera mujer de su vida, la de siempre, la de verdad: su mamá.
Suplente en todo sentido.
En el sexo el mamón “se coge a”.
Nunca “coge con”.
Para el mamón coger es masturbarse con una muñeca inflable de carne y hueso.
El mamón es perdidamente pajero, en su eterna pubertad vive obsesionado con sus genitales y no pierde oportunidad de masajeárselos.
O medirlos.
“Medir poronga.”
El mamón vive midiendo poronga 24/7.
La enorme mayoría de los políticos son, qué duda cabe, mamones de manual.
Ni hablar del fútbol: un paraíso de mamones irrecuperables.
El mamón odia perder y hará todas las trampas que haga falta para evitarlo.
El mamón hace trampa hasta cuando juega al solitario.
Le cuesta una barbaridad sobrellevar, y mucho más admitir, el fracaso.
El mamón detesta, porque le aburre, planificar, prepararse, entrenar.
El mamón tiene un umbral de atención bajísimo.
El mamón es, casi por definición, un improvisador.
El mamón siempre busca refugio en “úteros maternos”, a saber:
-la cabina de su coupé polarizada
-patotas, barras, pandillas, camarillas
-la tribuna popular de su equipo favorito, junto con otros cientos o miles de espermatozoides desorientados
-la amueblada y el infaltable jacuzzi con hidromasash (tremenda metáfora del útero materno)
-el gimnasio, un gran útero donde puede mirar culos, tetas y su imagen reflejada en el espejo
Cuando juega al fútbol el mamón es fácilmente reconocible por cero team player, morfón, firuletero y dado a la laguna.
Juega para él y/o para la tribuna, nunca para sus compañeros, y cree que tirar caños o hacer un gol olímpico es su misión en el partido.
¿Se queja con el árbitro? Mamón.
¿Se relata a sí mismo? 110% mamón.
Cuando se conjuga como verbo, mamonear (o mamonearse, que no es 100% lo mismo) puede tener distintas acepciones según el contexto: puede referirse a perder el tiempo en alguna actividad inútil o bien a alardear, florearse, ostentar, presumir, llamar la atención.
Significa también en ciertos casos aprovecharse o abusar de la confianza de alguien o hacer uso indebido de subterfugios en beneficio propio o de sus amigos.
El mamón es amiguero y mucho muy dado al nepotismo.
Muy “del palo”.
Pero muy.
El mamón vive hablando de “tener códigos” aunque rara vez se los aplica a sí mismo.
Decíamos más arribita que, traduciendo el vocablo al uso argentino, el mamón es un malcriado en los casos leves y en los extremos más patológicos, lo que llamamos un hijo de puta.
Claramente la cultura popular le asigna a la madre la responsabilidad de la conducta desviada de un sujeto.
Justa o injustamente.
Ya sea como la malcriadora o bien como la meretriz que trajo un botija al mundo sin saber quién la preñó.
La naturaleza patriarcal del insulto “hijo de puta” implicaría que el insultado se crió sin conocer a su padre, acaso en un burdel o ambiente prostibulario, o bien con un hombre que no es su progenitor biológico, una realidad que, siguiendo la lógica del epíteto, daría lugar a individuos malintencionados, inmorales, poco confiables y tendientes a la bajeza.
Por otro lado, el consuelo de tontos reza que “las putas son la mejores madres” muchas veces utilizado para referir que las trabajadores sexuales, o bien las mujeres fáciles, promiscuas, serían madres más permisivas o bien comprensivas: una virtud infinitamente valorada y determinante para el mamón de a pie.
¿Por qué las madres latinas crían mamones?
¿Acaso es el trillado Edipo irresuelto por el cual la madre mantiene una sublimada relación incestuosa con su adorado machito que llevó en el vientre?
¿Por qué la madre perpetúa el problema y cría misóginos que en la adultez pondrán en práctica todo lo que a ella tanto sufrimiento le ha producido?
¿Es una manipulación de la hembra para tullirlo emocionalmente, para truncarlo en su maduración, para manejarlo a distancia toda su vida cual marioneta, incluso desde y hasta la tumba?
¿Es una venganza instintiva de la hembra para con el macho de nuestra especie?
¿El padre/marido ausente o distante provoca una carencia y una fijación obsesiva de la madre con el vástago?
¿Hay en este círculo vicioso de aristas a primera vista contradictorias algún atavismo o mandato biológico que nos está vedado comprender?
¿Se cifra en esta extraña paradoja ancestral un gran plan maestro de la pacha mama contra el cual es inútil rebelarse?
El mamón quiere beneficiarse a todas pero sólo respeta a las vírgenes.
En mis años escolares, un amigo mío se fue a las manos como un perro rabioso cuando un pibito en el recreo le insinuó que su madre seguramente había tenido relaciones sexuales para que él naciera.
Ya se perfilaba como un mamón importante.
Hoy ese muchacho, con cuarenta primaveras largas, colecciona motos y autos deportivos, es soltero crónico y mujeriego serial, vive alardeando de sus conquistas sexuales, congestiona las redes sociales con selfies y habla de su pene en tercera persona.
Un tabú políticamente incorrecto de la pisicología sugiere incluso que el hombre gay sería un mamón que pegó en el palo, un sujeto que por alguna razón en el desarrollo de su personalidad maduró de otra manera (o bien no maduró): un pibe que se siente atraído por otros pibes porque no se hace a la idea de serle infiel a su madre.
No disparen, sólo soy el mensajero.
Como antídoto o inoculación espiritual anche supersticiosa de estos asuntos, los latinocatólicossomos altamente devotos la Virgen María, esa madrecita que dio a luz sin la cochinada del apareamiento.
La Virgen de Guadalupe en México, la Virgen de Luján en Argentina.
Cada país latino tiene su virgencita.
A veces más de una.
Claro que no es correlación, es causalidad manifiesssssssta.
Así las cosas, el mamón es incapaz de construir una relación sostenida con una mujer porque le resulta imposible serle infiel a su mamá, que siempre está ahí para amamantarlo emocionalmente.
Como el mamón que es.
El mamón es un sujeto al que le cuesta una barbaridad construir un nido porque no pudo abandonarlo.
Esa madre santa que todo lo perdona, que siempre mira para otro lado, que siempre lo espera con las milanesas.
Son todas harpías, son todas putas, la única que siempre te va a querer, comprender y aceptar soy yo, le repite la madre latina a su mamoncito una y otra vez.
Y sí, la mamonería es mutua.
Extraño y paradójico destino el de la mujer latina, eterna víctima del destrato de sus novios, sus maridos y de los hombres en general, que deliberada o inconscientemente cría individuos que serán iguales o piores.
Hay alguien que no suelta y alguien que no deja soltar.
Decíamos arriba que los peores casos de mamonería se darían cuando una madre soltera cría al machito en circunstancia de padre ausente.
No por casualidad, estudios sociopisicológicos en el terreno de las adicciones indican que uno de los principales problemas para combatir las drogas en la adolescencia en culturas latinas es la negación de las madres latinas –“denial” dirían los shankis-.
-Señora, su hijo anda en la farlopa.
-¿Mi nene? Imposible. Tiene que haber un error.
-Señora, tenemos evidencia fehaciente de que su hijo no sólo consume sino que además vende.
-No puede ser, mi nene es bueno, sano, incapaz de matar una mosca. Tiene algunas malas compañías nomás.
Las cárceles están llenas de mamomes.
De mamones opas que se dejaron pescar.
El gángster es casi sinónimo de mamón.
Dicho esto, me atrevo a afirmar que el gran problema de las culturas latinas no es político, social u económico.
Más bien es antropológico.
Es la mamonería incurable que aqueja a la enorme mayoría de los hombres latinos.
La historia argentina y latinoamericana está atiborrada de mamones de diversa laya.
Fidel Castro, Huguito Chávez.
Rosas, Facundo, Urquiza, Sarmiento, Roca, Perón, los militares, la juventud maravillosa, Menem, Néshtor.
El peronismo debería llamarse mamonismo.