Hay que terminar con los vagos y los planeros que por una lluvia hacen todo un corso pidiendo dádivas de los que pagamos impuestos




Lucas Carrasco

Dos imágenes: por un lado, trabajadores precarios cortan los accesos a San Benito porque las lluvias -un evento tan simple y normal: es verano, llueve, no da para más que una conversación de ascensor- los hacen volver a empezar una y otra vez, porque pierden su poco patrimonio, días laborales y viven en un estado de indefensión tan abismal que ya es casi normal, parte del paisaje de la marginalidad que produce a montones la aceitada y perfecta maquinaria de desigualdad social. El Estado no les da bola, aunque paga y paga mucho por decir que sí. Que los "asisten". En nombre de la Justicia Social o de la Pobreza Cero, cagar los cagan siempre.
A pocos kilómetros, un campo se inunda. El empresario del rubro más rentable, depredativo y negrero de la provincia, empieza su clásico lloriqueo para manguear más y más y más subsidios. No paga impuestos, ninguno, nunca, jamás. No paga los créditos que saca (obviamente, en el Bersa de los Eskenazi o el Banco Nación, donde siempre hay uno de los suyos en el directorio, como Atilio Benedetti) y no conoce lo que son los seguros contra lluvia. Se escuda en que es bruto y no entiende de papeles (textual del australopithecus afarensis, Alfredo De Ángelli), mientras renueva plazos fijos y patea los pagos de la tarjeta de crédito (de una banca privada, ahora sí) en el exterior. El Estado los llena de guita. Le paga las deudas de juego a estos ludópatas de la Bolsa de Chicago. Les regala divisas. Les deja vivir en la Edad Media cuando contrata trabajadores. Digamos que "los asiste". Lo difunde poco. Después de todo, la mayoría ni siquiera vota ya no en Entre Ríos, en Argentina. Porque se puede votar desde el exterior, pero hay que trasladarse a las capitales donde están las embajadas, que suelen ser muy violentas en los países turísticos. La globalización, estos gauchos macanudos que hacen de su incultura una bandera de elusión fiscal, la entienden lo más bien. No entenderán de papeles en el Debe pero sí entienden de papeles en el Haber. Un Haber coimero, injusto y patético pero que en sus ensoñaciones,  hace al sustrato abonado de La Patria, de la cual debemos esperar su derrame. Esperar sentados. Es el mismo razonamiento absurdo de Esperando a Godot. Y se repite, se repite y se repite la ansiedad por lo imposible, como en la obra de Samuel Beckett.
A los primeros, que viven menos y viven peor debido al trabajo insalubre, los llaman vagos.
A los planeros vip, que una o dos veces al año mandan sus peones a armar carpas en la puerta de Casa de Gobierno, los llaman "productores". Y ya no tanto, porque da verguenza ajena y se sabe más sobre sus tropelías sistemáticas pero hasta hace poco esa vagancia inculta pero multimillonaria eran también "la patria", "el federalismo" y "la república".
La africanización de Entre Ríos acentúa estos contrastes.
A nadie le importa demasiado.
Por eso estamos como estamos. Y por eso mañana o pasado estaremos peor.


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