Feriados Movibles: ¿Jesús no puede morir otro día?




Lucas Carrasco

Hasta Graciela Fernández Meijide, locutora de Cambiemos, se quejó de que el 24 de marzo, Día de la Memoria, haya sido puesto por decreto como un día movible. Igual que todo el resto de los organismos de derechos humanos. Provocados de manera oficial sin mayor sentido, más que ese: provocarlos.
Y los que viven del turismo y las empresas de transporte y los hoteleros (los K pero también los que tienen huéspedes en sus hoteles) y los pequeños pueblos fantasmas cuyos ingresos son anuales por festivales de larga organización, que encajan con feriados.
La Cámara de Turismo, ya sabemos: son sensibles amantes de la historia, el patriotismo, los derechos humanos, la sacrosanta Iglesia Católica y el líder playero Don Puente. Ellos quieren más feriados. Un Ramadán, por ejemplo:  pero con comida, boliches y casinos.
Los sindicatos, por lo general, se callaron.
Lo curioso es que no se escuchó la opinión de Dios, que tiene varios feriados en conmemoración a él y su familia. Este cronista trató de consultarlo sobre sus privilegios -sus feriados no se tocan- pero no obtuvo respuesta. O sí. No sabría descifrarlo.
Como es sabido, Dios desde ya, escuchó -escucha a todos- mi pregunta. Y aunque no usa celular estando en el siglo XXI, hice todo lo que a él le gusta para ser más oído (aunque te escucha igual). Me arrodillé, me golpeé con un látigo en la espalda, lo adulé contando bolitas alrededor de una cuerda (le dicen Rosario, pero yo no tenía uno a mano, usé un sonajero), dije que él era lo más copado que había sobre el mundo y etcétera. Luego, con mucho respeto e incluso prometiéndole reservarme la fuente, lo consulté:
-Señor Dios, ¿Jesús no puede morir otro día? ¿Tiene que ser sí o sí un viernes? ¡Si total después resucita! ¿No podría ser el domingo? Si total muere todos los años. Y nace todos los años. El mismo día.
Silencio.
Nada.
Hasta que...
De pronto vi que la imagen de la madre de Jesús y amante de un tal Espíritu Santo -que la dejó embarazada y se mandó a mudar- se apareció delante de mí. Era la mismísima señora María, madre de Dios y de Jesús, que a la vez no son hermanastros por alguna razón que jamás entendí. Traté de interpretar qué me estaba respondiendo esa imagen de María frente a mí. ¿Qué misterio divino escondía su rostro, qué opinaba de los feriados móviles? Pero no hablaba. Solo me mostraba su rostro. En gris. Medio desfigurado.
Así que fui y busqué una lata de pintura y saqué esa mancha de humedad de la pared. Si la señora no tiene nada para decir, por lo menos que no me filtre agua.
Lo que deduzco es que o bien Jesús no quiere morir otro día o bien le ofendieron mis preguntas o bien Dios no es, como muchos creen, el vocero de Jesús. Ni viceversa.
Andá a saber.

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