“EL RADICALISMO DEBE TENER SU PROPIA AGENDA POLÍTICA”


Joakito

Ramiro Pereira es uno de los pocos radicales que se ha dedicado a estudiar la historia de su partido y en especial la historiade la UCR entrerriana. Sus reflexiones, a pesar de ser desde una perspectiva militante, tienen la distancia y la profundidad del compromiso intelectual.
Es abogado y tiene 38 años. Reside en Paraná y ha escrito varias columnas para Noticias Entre Ríos que, andando el tiempo, se confirmaron premonitorias sobre la situación de la UCR. De eso conversamos.

A principios de año escribiste un artículo sobre la UCR en Cambiemos. En líneas generales sostenías la importancia de revalorizar el partido radical al interior de sí mismo como manera de resguardar la identidad. ¿Qué balance haces ahora pasando un año?
Más que resguardar la identidad radical, mi planteo en aquel artículo estuvo centrado en el análisis de la Unión Cívica Radical como organización política luego del apoyo brindando al Ing. Macri y el triunfo de este.
Incluso en dicho artículo yo termino aceptado la distinción entre una cultura o identidad radical y la UCR como partido político. Lo acepto a los fines del análisis. Porque en definitiva, en 2015 tenías radicales que estaban con Massa, otros con Macri, e incluso algunos con Scioli. Y es que ya antes de la resolución de la Convención Nacional del Partido de integrar el frente electoral “Cambiemos” había dirigentes y candidatos que iban a apoyar a Macri, resolviera lo que resolviese la estructura orgánica partidaria.
Así, recuerdo una charla a mediados de 2014 con un actual intendente radical de mi generación. Charla dura en los conceptos y amigable en el trato, donde el hombre me planteaba que si ellos no se prendían a Macri, iban a perder la municipalidad. Desde una perspectiva política, la posición de ese dirigente era realista, es decir, políticamente pertinente. Ahora bien, un partido político no es sólo una identidad común, sino una estructuración con cierta disciplina y con proyección de futuro. La identidad radical sin un partido político que actúe como tal, en el mediano plazo relega al radicalismo a los libros de historia y a la mera vigencia jurídica (el MID todavía existe como partido).
Yendo a tu pregunta sobre el balance del año, el rol del Radicalismo en el gobierno ha sido bastante acorde con el lugar que ocupó en el frente “Cambiemos”, y con el aviso franco de Macri de que no iba a haber gobierno de coalición.
Más que una presencia de la UCR en el gobierno, lo que hay es la presencia de radicales en el  gobierno nacional, mayormente sin decisión política.  Esto no es un simple juego de palabras. No es lo mismo ir de líbero a un lugar que hacerlo en el marco de una coalición sobre la base de un acuerdo donde, en última instancia, es el Partido el que define la estrategia política.
La verdad es que la UCR puede justificar su apoyo a Macri en las elecciones de 2015.  Lo que es injustificable es no haber tenido siquiera una candidatura fuerte para esas elecciones, la que debió afirmarse en 2013/2014, aunque mas no sea para disputar en serio las PASO. Y digo que puede justificar su apoyo electoral al PRO porque la alternancia es un valor en sí mismo.
Este año la UCR ha sido leal en el acompañamiento al nuevo gobierno. De todas formas, debiéramos hacerle caso al propio Macri en cuanto a que el Radicalismo como tal no gobierna. Y por ello hacer valer las posiciones políticas partidarias cuando haya que marcar diferencias. Porque –como advirtió y cumplió el actual presidente- si el partido como tal no es parte del gobierno, si no hay una instancia de decisión política donde la UCR participe de de la toma de decisiones, no hay porque ser solidarios en todas las medidas con el gobierno.
Eso mismo es lo que hace la Dra. Carrió, que no se priva de realizar críticas cuando así lo considera. Lo que pasa que la Dra. Carrió es una persona, y en general logra ponerse de acuerdo consigo misma.
En el caso de un partido político, la cosa es más compleja. Y cuando no hay unificación política lo que hay son decisiones individuales.
Por eso el Radicalismo debiera plantearse, aun manteniéndose dentro del frente electoral “Cambiemos”, tener su propia agenda.
Esa agenda debiera reintroducir temas que hacen al carácter reformista en lo social y económico que siempre tuvo el Radicalismo Argentino. No digo de entrar en la discusión de derecha e izquierda, sino de cosas más prácticas, donde la UCR tiene que sostener y exigir políticas que vayan en dirección a la igualdad social. Esto es claro en materia impositiva, donde el kirchnerismo operó como una fuerza conservadora, manteniendo estructuras tributarias regresivas, cuando la holgura fiscal de los primeros años del ciclo k hubiera posibilitado una reforma progresista del sistema. Lo mismo en materia del gasto público.
Por supuesto que no se puede caer en el cortoplacismo, enemigo de toda política realmente progresista. Pero la racionalidad no puede ser medida únicamente con el criterio de lo satisfechos.
Tampoco imagino a un gobierno radical colocando al frente de una oficina anticorrupción a alguien del riñón duro, como hoy ocurre.  Eso no ayuda a la transparencia, tan necesaria para reconstruir el Estado.
Ultimamente he escuchado a correligionarios que cuando tienen que definir en público “lo radical”, lo único que tienen para resaltar –con bastante superficialidad, en general- es la honestidad en el ejercicio de la función pública. La UCR no puede reducirse a eso.
Por eso insisto en que el Radicalismo tiene que tener su propia agenda política.

¿Cómo evaluás el accionar de los intendentes radicales nuevos durante este año?

En general las intendencias radicales siempre han sido buenas. Más prolijas y austeras. A veces incluso innovadoras.
Ahora bien, es difícil generalizar. Los problemas que enfrentan los Municipios conducidos por radicales en Entre Ríos son de muy diversa índole, atados a la realidad socio-económica de cada ciudad o pueblo.
Está además la necesidad de conseguir obras públicas de los gobiernos nacional y provincial, lo que muchas veces condiciona las posiciones políticas.  Ahora se le pide al gobierno nacional, por la delicada situación de las finanzas provinciales.
Esta necesidad de buscar “cosas” para sus ciudades, como norte del accionar de los intendentes, hace que tiendan a focalizar en el pago chico. Por eso mismo nunca estuve muy de acuerdo con los esquemas de conducción política centrados en los intendentes por el hecho de ser tales.  
Me parece que la realidad político institucional derivada de las elecciones de 2015 –intendencias radicales, gobierno provincial del PJ y nacional de Cambiemos (Pro)- desde la UCR debiera retomarse la pelea por la vigencia efectiva del régimen federal de gobierno. Así, por un lado pelear por una coparticipación de recursos justa para a la provincia. Juntamente, pelear por la instrumentación adecuada de la coparticipación de recursos de la provincia a las municipalidades, y la aplicación adecuada a las actuales juntas de gobierno, a partir del dictado de ley de comunas.
Recordemos que el kirchnerismo ahondó la crisis del federalismo argentino. Teníamos  al ejecutivo nacional acordando obras directamente con los municipios, sin razones válidas, salvo algunas de mala política. La UCR de Entre Ríos debiera retomar este tema, que además de tener implicancias prácticas enormes, tiene un valor simbólico muy fuerte en nuestra provincia.
Estos temas debieran plantearse en el Partido, y trabajar políticamente en ellos. Lo que pasa que el intendente difícilmente puede desatender la urgencia de la administración para hacer un planteo de este tipo. Pero creo que la cuestión federal es un tema que debemos retomar, y hace claramente a la institucionalidad.

La UCR pudo demostrar, como hacía mucho no pasaba, caras nuevas. Por ejemplo, intendentes jóvenes. ¿Cómo ves  el futuro de la UCR en la provincia?

La renovación generacional es algo que se va a dar naturalmente, por el envejecimiento y muerte inherente a la condición humana.
La renovación no sólo se da por los intendentes de 40 años o menos, sino por la incorporación a las gestiones municipales de gente de esa franja etárea.
De todas maneras la conducción partidaria real radica hoy en un puñado de dirigentes entre 55 y 65 años, lo que en sí mismo no está ni bien ni mal.
El futuro de la UCR –como el de cualquier fuerza política- está ligado a la calidad de los dirigentes. Un partido vale lo que valen sus dirigentes (esto lo aprendí cuando era muy jovencito de Luis Brasesco).
Los buenos resultados electorales a nivel local para los radicales en 2015 pueden servir para potenciar el Partido. Pero no está escrito que vaya a ser así. Para eso se necesita política. No hay política sin articulaciones colectivas (es decir, el “equipo”, concepto que no inventó el PRO, pero que hace muy bien en remarcar).
 La UCR de Entre Ríos terminó desarticulada en 2015, por eso no llevamos candidato a gobernador.  Habrá que esperar que la actual dirigencia tenga vocación de actuar en “equipo”, es decir, de actuar como partido político y no como facciones y/o individuos, o que una nueva dirigencia se construya sobre esta premisa.