El mundo perfecto que no fue




Osvaldo Quinteros

Asumía Macri en Argentina, destituían a Dilma en Brasil y Temer daba un giro hacia la "racionalidad" económica, permitiendo que el Mercosur avanzara hacia una Unión Europea en Sudamérica, capaz de negociar con la presidente de los Estados Unidos, Hillary Clinton, que tendría como interlocutora privilegiada a la argentina Susana Malcorra, jefa de la Organización de las Naciones Unidas, para que nuestro país ingrese al Tratado Transpacífico que busca excluir a China y Rusia. Argentina al pagar al contado y sin chistar a los Fondos Buitres, "volvería al mundo" y se endeudaría a tasas razonables y no haría falta un ajuste económico sino liberar las fuerzas productivas para un despegue que durara una década, con lluvia de inversiones y drástica baja de la pobreza.
El que le elaboró ese plan a Macri debería esconderse cien metros bajo tierra.
Absolutamente al revés resultaron las cosas.
El problema es que Macri no tiene un Plan B e insiste con su plan original como si pudiera forzar al mundo a que se adapte a sus fantasías.
Por eso la sensación de desorientación del "mejor equipo de los últimos 50 años", que pierde a sus mejores jugadores en una sangría de renuncias indetenible.
La sensación de desorientación se ve en los constantes parches al modelo económico, la falta de homogeneidad, la soledad partidaria del gobierno, las intrigas palaciegas y el rotundo fracaso de todas las metas que el presidente se impuso para este año.
¿Tiene la culpa el mundo o en realidad tenemos un presidente demasiado limitado intelectualmente para afrontar las complejidades de una globalización dinámica y depredadora?


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