El club de fans de la máquina barredora



Lucas Carrasco

La Municipalidad de Paraná informa -¿es necesario informar ésto, lo obvio?- que limpian la peatonal. Muy bien, che. Y muestran esta foto (la de abajo). Un robot del tipo de los que salían en Japón Hoy, un programa de TV de la década del ochenta que mostraba los impresionantes avances tecnológicos de Japón: un auto que llegaba a los 200 kilómetros por hora, un robot que recorría el living lustrando (era una aspiradora, pero con forma de robot) y un control remoto para televisores sin cable. Posta. Sin cable. Era mágico, prácticamente.
El programa lo daban en Canal 11 hace mil años, después del programa que conducía yo (naturalmente, como en todas mis notas, siempre debo dejar en claro que soy una estrella).
Japón, tras la segunda Guerra Mundial quedó hecho pelota y por tanto, luego fue un protectorado yanqui que se acentuó cuando triunfó el comunismo en China (triunfo que mucho le debe a la guerra contra Japón y así, sucesivamente....). Japón no tenía, prácticamente, gasto militar y su sociedad, acostumbrada a la esclavitud, era el modelo que pregonaban los yanquis como ética laboral. Incluso el chamuyo de los "paros y huelgas trabajando de más" nace de aquella época.
Japón era presentado como la vanguardia tecnológica mundial en todo lo que no sea armas ni petróleo o insumos verdaderamente importantes en el marco de la Guerra Fría. Y casualmente, en todo lo que sí sea mano de obra industrial intensivo. Hoy, el concepto es difícil de explicar, dado que todo lo industrial que sea mano de obra intensivo es atrasado tecnológicamente, pero la rentabilidad empresaria que no se obtiene a través de las máquinas que reemplacen el trabajo humano, se obtiene con salarios de hambre.
Las peleas de Mao con los dictadores rusos tras la muerte de Stalin, dejaron sin mucho sentido el protectorado yanqui sobre Japón. La caída del comunismo directamente los eclipsó y otras sociedades de mierda y cuasi esclavistas se pusieron de moda en occidente. Los tigres asiáticos, por ejemplo. Los vendían como los futuros dueños del mundo por su infartante amor por el capitalismo puro (la democracia te la debo). Falló la cosa, pero bue.
Hoy la moda son los esclavos chinos de la dictadura comunista. Con más o menos las mismas pavadas que se decían de los japoneses: que trabajan mucho (como cualquier raza esclava en la historia de la humanidad) que piensan en el largo plazo (como cualquier dictadura en el mundo, independendientemente de los resultados concretos) y que son muy pacientes y tolerantes (como toda colonia narrada por los colonizadores).


La barredora que pasea por la peatonal paranaense -sin mucho éxito en el barrido, pero eso es lo de menos- obtiene la admiración de los transeúntes.
El muchacho de remera negra y pose de Ungenio mira la impresionante máquina como si hubiera sido diseñada por el científico loco de Volver al futuro. El Ñoño de atrás, de remera gris, le saca una foto, seguramente para su muro de Facebook (incorporar tecnología fabulosa y genial en tu muro, reee da) y el de visera de atrás, solo observa, como quien ve pasar a Tévez pero es de River.
La señora, en cambio, se enamoró del conductor (sí, necesita conductor, lamentablemente). Probablemente crea que se trata del Neil Armstrong de Anacleto Medina. Y quizás hasta tenga razón.
Si bien nuestro super robot local está un poco peleado con el diseño y la funcionalidad, no deja de ser un poderoso atractivo turístico y hasta un objeto de culto que, como testimonia la foto oficial, embelesa las almas sensibles ante el espectáculo grandioso del progreso humano.
Si el artefacto en cuestión aún no ha sido nombrado -con el correspondiente corte de cinta, marchas militares, bendición de algún curita con anteojos y discursos grandilocuentes de las autoridades- yo propongo que se lo denomine Isaac Asimov.
Como presiento que no me van a dar bola, quizás junte firmas y eleve un petitorio para ocupar el lugar de La Voz Ciudadana en el Honorable Concejo Deliberante, donde discutir pelotudeces es una actividad rutinaria. Mi discurso empezaría así:

Si me dijeran "Pide un deseo",
preferiría un rabo de nube,
un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe
parezca nuestra esperanza.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe
parezca nuestra esperanza.

Para lograr el apoyo de los compañeros peronistas, se podría llamar Néstor Asimov. Pero como los peronistas son minoría, se podría llamar Raúl Ricardo Néstor Asimov. Pero para que la viceintendenta no se enoje, se podría llamar Juliana Antonia Raúl Ricardo Néstor Asimov.
Es cierto que quedaría un poco raro denominar Juliana Antonia Raúl Ricardo Néstor Asimov a una barredora, pero si entre todos ponemos nuestro granito de arena -y lo barremos- podemos vivir mejor.