¿Cuál es peor de estos dos?





Osvaldo Quinteros


La situación es así: Carlos Chiara Díaz acumula pruebas de sobra para ser destituido como juez del Superior Tribunal de Justicia. Los votos de la Comisión de Juicio Político saldrán del bloque mayoritario, el Frente Para la Victoria, el segundo bloque de minoría, Cambiemos y el tercer bloque en el recinto, el Frente Renovador, que tiene 4 diputados y 5 líneas internas.
La ex abogada de Jorge Busti y socia comercial de Urribarri -a través de parientes de ambos- Claudia Mizawac tiene en su mochila las mismas pruebas que condenan a Chiara Díaz y más y además más graves. Su destitución no cuenta con el apoyo del Frente para la Victoria ni el Frente Renovador, aunque ninguno de sus miembros sepa explicar por qué.
Cambiemos, en este caso, propone algo inverosímil y poco republicano: no apoyar la destitución de Chiara Díaz si no se somete a Juicio Político a Claudia Mizawak. Suena poco serio el planteo porque no están jugando a las figuritas en el patio del colegio, sino hablando de la falta de calidad de la Justicia entrerriana, que es peor que la jujeña (aunque saludablemente, sin presos políticos).
Cuando Néstor Kirchner se deshizo de la Corte Menemista, impulsó cada juicio por separado, como corresponde. Aún cuando se trataba de una banda de delincuentes que actuaban tan mancomunadamente que eran llamados "la mayoría automática".Esa mayoría automática salvó a Mauricio Macri de ir a la cárcel -dijo que prescribió su probado delito de contrabando- y esa fue una de las razones de su destitución.
Uno de los acérrimos defensores de esa banda de delincuentes de los noventa, Augusto Alasino, hoy es denunciante de Chiara Díaz. Es poco serio.
El problema es que la acusación contra Chiara Díaz, según él denuncia, fue con pruebas aportadas por Claudia Mizawak, a quien a su vez acusó de ser "la reina de los viáticos". Juzgarlos en conjunto, así sea en una negociación legislativa bajo la mesa, es poco serio, además de antirepublicano.
Así Cambiemos se pone al nivel del Frente Para la Victoria, que deja en claro que las razones para echar a Chiara Díaz son las causas por corrupción que amanecieron cuando Urribarri dejó la gobernación. Necesitan un juez en la Cámara Penal que garantice impunidad y para eso hay que concurrir a trabajar. Por eso desde el PJ solo le objetan que no vaya a trabajar.  Por eso desde Cambiemos solo le objetan a Mizawak que sea una puntera del PJ, al igual que Chiara Díaz.
De Mizawak, todos los bloques dan por sentado su falta de independencia y su confianza para garantizar que la corrupción no se investigue. A unos eso les parece bien, a otros no. Así que lo resuelven jugando al panyqueso de los votos en Senadores.
En el medio de este cuadro general hay una diferencia: Chiara Díaz cobraba viáticos por ir a lugares donde no iba, lo cual constituye un fraude al estado, que ningún fiscal se anima a investigar mostrando así que el problema en la Justicia es más profundo de lo que parece.
Mizawak sí puede acreditar que sus vacaciones, por las cuales cobra sobresueldos, estaban debidamente acreditadas. El problema de Chiara Díaz, entonces, es que defraudó al Estado. El problema de Mizawak es que es impresentable.
Lo que se discute, sin embargo, es otra cosa.
Si bien ambos son garantes de la impunidad del poder político y empresario (Mizawak, además de garante, es socia en la joda de la obra pública) lo que está en discusión es quién va más seguido a su despacho, ahora que los necesitan. Por cierto, la ola de femicidios, el avance del narcotráfico, la violencia creciente y demás no les mueve un pelo a la Sala Penal sometida a investigación ni a los legisladores que deben juzgarlos: el único problema es si van a trabajar cuando ELLOS los necesitan.
La estrategia defensiva de Chiara Díaz fue extorsionar a los legisladores con hacer avanzar causas judiciales en su contra. Luego, amagó con sumar el apoyo del PRO de Bs As (el PRO local no está muy limpio en esto de los subsidios...preguntar por Etchevehere, Benedetti y De Ángelli).
La estrategia de Claudia Mizawak fue hacerse la ofendida y confiar en que los legisladores amigos paguen el costo político de sostener sus privilegios monárquicos. O se atengan a las consecuencias...
No es para mirar con entusiasmo el cuadro de degradación institucional y republicana. Lo que trae esperanzas es que por primera vez se hace visible la talla de los personajes que manejan el poder en la provincia.
Hoy ya es imposible esconder la situación.
Es un avance.