Casa Blanca, Casa Rosada, Casa Gris




Lucas Carrasco

Ni en la Casa Blanca ni en la Casa Rosada ni en la Casa gris hay mujeres en cargos importantes.
Se le dice Casa Blanca a la sede del gobierno de EEUU, Casa Rosada a la del gobierno argentino y Casa Gris a la del gobierno entrerriano.
La Casa Blanca será más blanca que nunca. La Casa Gris es más gris que nunca: el perfil de los ministros provinciales y su desempeño, es el más mediocre de la historia reciente.
La Casa Blanca será más blanca que nunca: los negros y latinoamericanos no tienen lugares destacados, hay cierta homogeneidad cultural, social y religiosa, marcada por la impronta de Trump.
Pero hay un aspecto poco atendido en este mar de obviedades: la Casa Rosada es más Rosada que nunca.
El Rosado simboliza mundialmente al socialismo. Y si de algo está lejos Cambiemos, es de cualquier idea socialdemócrata. Excepto una. Una idea/fuerza de la Tercera Vía, que es la socialdemocracia aggiornada (derechizada, para decirlo a quienes tienen paladares menos sensibles) y que en Europa representa, tradicionalmente (demasiado tradicionalmente), el Partido Socialista. Con su Rosadito cobarde como estandarte de su intrínseca timidez.
Se acaba de ir Melconian del Banco Nación, entre llantos. Melconian es un descendiente de armenios, una inmigración marcada por el genocidio que Turquía, su autor, no reconoce, al igual que la gran mayoría de las grandes potencias, para quedar bien con el gigante euroasiático. Argentina, sí reconoce este genocidio, como reconoce también al Estado Palestino (algo que tiene mucho más consenso). Y mantiene relaciones normales con Turquía e Israel.
En el gobierno nacional, en lugares expectantes, hay religiosos. Pero además de los tradicionales catolicones de todo gobierno, este gobierno incorpora judíos practicantes, tiene cuadros musulmanes importantes e influencias del devenir hinduista  y budista que reconoce hasta el propio Presidente, el primer Presidente en toda la historia argentina divorciado antes de asumir. Divorciado dos veces, además, en un país donde hasta 1994 la Constitución prohibía que su origen no fuera católico. En un país de donde proviene el Papa, la figura más importante en la vertical estructura de la religión católica.
Hay dos personas en sillas de ruedas, una es vicepresidente, el otro Ministro de Trabajo. La Casa Rosada está más Rosada que nunca. Hay homosexuales y drogadictos en un gobierno de derecha que celebra su presencia y hace bien, muy bien. Hay ateos en cargos expectantes. Hay practicantes de esas religiones a la carta del posmodernismo. Son religiones livianas, algo estúpidas (como el indio que enseña...¡a respirar! JoJoJo). Pero esas religiones no matan en nombre de su Dios. Solo matan de risa.
Si uno escucha los alaridos ideológicos de Trump antes de asumir, de Macri antes de asumir, de Bordet antes de asumir, va a encontrar antagonismos irreconciliables. Puro chamuyo. La realidad lo demuestra. Hay diferencias, hay matices, pero sobre todo, hay continuidades y líneas de conexión muy profundas, que sería largo e inútil enumerar para este artículo.
Lo curioso, aunque en cierta medida poco relevante, es que la Casa Blanca es más blanca que nunca, la Casa Rosada es más Rosada que nunca, la Casa Gris es más gris que nunca.
La realidad, en cambio, seguirá igual: multicolor, llena de matices, continuidades y discrepancias que todo indica se saldarán pacíficamente, en este costado del mundo. Privilegiadamente pacífico. Gracias al respeto por la diversidad.