Un fin de año sin saqueos entrerrianos




Osvaldo Quinteros

A pesar de las provocaciones constantes del gobierno nacional -que adjudica al "kirchnerismo" su mal trago en organismos internacionales de DDHH o los escraches que sufre en remotos pueblos de Neuquén- y de las evidentes intenciones desestabilizadoras de grupitos radicalizados que no se sabe si pertenecen a residuales de la SIDE pero que en todos los gobiernos hacen lo mismo, llegamos a un nuevo fin de año en relativa paz social.
Si se tiene como norte el escueto objetivo de los últimos gobiernos, que es asegurarse su propia permanencia, el objetivo está cumplido. No hubo revueltas sociales de magnitud, ni saqueos masivos ni paros generales.
Aunque cualquiera de estos fenómenos sociales aislados difícilmente tenga un antecedente partidario y una desembocadura partidaria, cuando suceden los gobiernos prefieren achacar la culpa a sus rivales ideológicos en vez de tomar el toro por las astas. Lo hemos visto incansables veces.
Este año, se agregan los temores gorilas de la prensa oficialista, hipersensibilizada porque la "gobernabilidad" que hasta el año pasado no les interesaba más que socavar, este año significan la continuidad de sus privilegios y negocios a costa del Estado.
En la provincia de Entre Ríos, las medidas tomadas por las dos municipalidades más importantes -las de Paraná y Concordia, de distinto signo ideológico- impidieron desmanes y acallaron los rumores que corrieron durante todo noviembre.
Se notó la ausencia del gobierno provincial, enfrascado en sus pequeñas internas con ignotos diputados nacionales de escasa representatividad e incierto futuro político, que le cuestionan al gobernador su sorpresivo borocotazo tarifado.
La buena noticia de que no hubo desmanes puede ser contradecida apenas se publique esta nota. Tal es el grado de fragilidad de una economía que deja afuera del consumo mínimo a tantos comprovincianos.
Las políticas sociales de "contención" que ensanchan la desigualdad social y perpetúan la pobreza -y hasta la festejan como un logro, como el kirchnerismo que hacía actos para anunciar que había más beneficiarios de los raquíticos planes sociales- son el caldo de cultivo de una realidad miserable que el conservadurismo imperante trata con la lógica del bombero: solo se mueve si hay un incendio.
Claro que a diferencia de los bomberos reales de carne y hueso, la dirigencia política no se juega la vida, se enriquece de manera obscena a costa del pueblo y blinda sus acciones con inflamados discursos ideológicos que caen en saco roto.
A pesar de esta realidad doloroso, tendremos un fin de año en paz. Ojalá el año que viene sea mejor para todos, especialmente para quienes peor están.

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