La Alegría de los Bárbaros



M. Faure


Milenariamente, nuestro territorio se nutre del bagaje cultural heredado de los Pueblos nativos de la Mesopotamia. Ya en el siglo XIX, Entre Ríos está integrada a la región Litoral, espacio económico y social, articulado con la Pampa Húmeda ganadera y la rutas fluviales del Paraná y el Uruguay.
Un cruce muy fuerte entre lo indígena, lo criollo, lo gaucho y la inmigración de los últimos dos siglos.
Somos una mixtura opacada por el pensamiento civilizado de la escuela que se instauró con la Ley 1420. La lógica sarmientina privilegió la mirada porteña, seducida por los brillos de Europa y Norteamérica.
Acercarse al Puerto de Buenos Aires es mimetizarse con la Civilización, alienarse. Por el contrario, alejarse de lo porteño es meterse en lo profundo del drama americano.
Fuimos colonizados por una España decadente que nos trajo el lenguaje de Cervantes y la hoguera de la Inquisición. Somos hijos de una violenta intervención eurocentrista que regó de sangre y biblias un espacio rico en tradiciones, alimentos, artes, espiritualidades.
Hablar de Cultura, es recoger parte de la Historia negada. Es hacernos cargo de aquello que el Estado dejó de lado; es reconocer nuestra Hermosa Barbarie, como propone Fermín Chavez, el epistemólogo de la periferia.
La alegre Barbarie del indio y el malón, del gauchaje narrado por José Hernández, de la religiosidad popular de nuestros campesinos y nuestros barrios, de la resistencia anarquista y socialista, del legado nacional, popular y latinoamericanista.
Artigas, Pancho Ramírez, Urquiza y López Jordán, son movimiento y síntesis de los claroscuros de nuestra Patria Chica. Civilización y Barbarie son conceptos que llegaron del otro lado del Atlántico de la mano de la Ciencia Moderna.
No dejemos solamente en manos de los iluminados, de la Academia, el Relato de lo que somos. Hablemos nosotros mismos de nuestra Historia y tendamos los puentes necesarios, pues la Barbarie negada sigue siendo la mejor medicina para la Salud colectiva.

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