¿Entre Ríos con mentalidad culinaria global?



Antonina Della Marisa

Al escribirse esta nota se está desarrollando el Mundial de Pesto. Estamos en Génova, Italia. Una tierra con muchas reminiscencias con América Latina.
Ser europeo, con su visión eurocéntrica de las cosas, implica mucho: por ejemplo, hacer de un concurso regional, menos numeroso que la Fiesta de la Cerveza en Crespo, un evento de pretensiones mundiales que por eso llama la atención de la prensa.
¿Por qué en Entre Ríos nunca hay nada así?
Ideas: podrían hacer el mundial de sábalos, que se van popularizando de a poco. O del Mate. Hay una fiesta del mate pero como está hecha por burócratas su mayor interés reside en conseguir la calificación de "nacional". Un título sin valor concreto. Podría denominarse "mundial" y sería lo mismo, con la diferencia de que aumentaría las exportaciones de yerba, de mates, de termos. Generando trabajo en la región, turismo en Paraná y una nueva clase empresarial más ligada al mundo. Aunque concedamos que este proceso tardaría más tiempo.
No hay esa visión ni empresarios que acompañen a creativos en Entre Ríos.
Así como en la ropa, las aplicaciones de celulares y los fármacos hay patentes y regulaciones impulsadas por los empresarios hacia el Estado, en Italia crece la tendencia de patentar -por decirlo de alguna manera- su comida. Que no es tanto "suya" pero lo que es indudablemente suyo es el diseño final de los ingredientes, traídos o llevados por todo el mundo.
La mezcla de razas y culturas que han convivido pacíficamente en Entre Ríos es el caldo de cultivo culinario para una experiencia de este tipo.
Lo que falta es visión, audacia, educación y empresarios capaces de llevar adelante estas iniciativas que, una vez instaladas, cautivan a los políticos y por su intermedio al estado.
Hacer el camino inverso es tener mentalidad provinciana, no global.

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