A 15 años del estallido social del año 2001



Fernando Adrián Zapata

Haber vivido y sobrevivido en aquellos jornadas de agudísima crisis en que la espiral de violencia ascendente,la incertidumbre económica,el derrumbe de las direcciones políticas y la emergencia popular se acumularon hasta originar un estallido social de proporciones inusitadas,resultó una difícil pero gran lección.
El crudísimo corolario de casi 40 (cuarenta) víctimas fatales en todo el país no es un detalle menor ante cualquier análisis mínimamente responsable que se digne de efectuar al respecto.

Desde la apertura democrática de 1983 en adelante,por entre sucesivas y alarmantes crisis económicas y políticas que siguen evidenciando que nuestro país es un polvorín siempre a punto de estallar,no se había registrado tal magnitud de conflictividad social.
Incluso,varios hermanos del pueblo,siguen señalando una conmoción similar sólo comparable a la salida de masas acaecida durante las intentonas golpistas de los años 80,en que minoritarios pero aún peligrosos sectores militares,profundamente reaccionarios y apologistas del genocidio,conspiraron y se desplegaron contra el muy digno y progresista gobierno de Raúl Alfonsín,siendo rápidamente derrotados por la firme decisión gubernamental,por la negativa leal de otros sectores militares a unirse al repudiable golpe en curso,y por la masiva movilización democrática de todo nuestro valeroso pueblo argentino.
Pese a haber sido aún un niño durante aquellas tensas horas,lo recuerdo con muchísima claridad también.

La gran diferencia del estallido social del año 2001 fue que era el agotamiento de una conciencia que confiaba en las instituciones,instituciones francamente corroídas por una década de neoliberalismo menemista que vació el aparato productivo de todo el país,destruyó millones de empleos y la consiguiente posibilidad de vida digna,de proyección y de futuro en amplísimos sectores sociales de nuestro pueblo.sumado a una casi contínua corrupción extendida en casi todos los espacios de la vida comunitaria,destruyendo casi todos los lazos de solidaridad,instalando un individualismo,una apatía,una indiferencia y un derrotismo desalentador para cualquier búsqueda de cambio social.

Tras el menemismo privatizador,la decepción del electorado tras el fracaso de la coalición gobernante de la Alianza (coalición que se proponía como superadora del neoliberalismo menemista) que,contrariamente a lo propuesto,continuó los lineamientos neoliberales,desencadenó semejante furia social,también aprovechada por sectores que ya negociaban la recomposición del sistema dominante.
"Que se vayan todos" era una de las mayores consignas,pero tal vacío de propuesta fue ocupado y tomado...¡por los mismos de siempre!
El duhaldismo y,luego,el kirchnerismo,fueron el maquillaje que sirvió a que muchos funcionarios menemistas de primera plana,cambiaran sus discursos anteriormente neoliberales,por discursos "pseudo-progresistas",ya que su oportunismo experimentado olfateaba la oleada de avances progresistas en gran parte de Latinoamérica,comprando organizaciones sociales enteras,beneficiando a toda una casta de corruptos,arribistas y demagogos,y traicionando y usufructuando,en gran parte,el espíritu de unión y liberación emanado desde los pueblos.

Hoy por hoy,esos vientos progresistas ahora,hace ya más de una década,también se encuentran en un mar de confusión,demagogia,corrupción,populismo bonapartista,pujas intestinas y brutales derrotas,ante odiosos referentes de la peor y más desembozada derecha política de las últimas décadas de todo el continente.
Y todo esto,en un contexto internacional que atraviesa una crisis mundial de guerras,miseria,mafias y destructividad civilizatoria y ambiental antes inimaginable.

¿Qué lecciones quedan de aquellas jornadas?Son innumerables.
Ante todo,queda en claro que nuestro pueblo argentino y todas las mayorías trabajadoras y populares de Latinoamérica siguen buscando un camino de unidad y de liberación común.
Que la salida debe ser unificadora,democrática,amplia y plural.
Que es preciso acordar elementos viables,concretos y aplicables.
Que es esencial una urgente renovación generacional en todos los espacios de lucha política,social y cultural,desde las bases hasta las direcciones.
Y,principalmente,que todo esto sólo será posible mediante el estudio y la concientización,el compromiso activo y la participación plena de las inmensas masas de hermanos del pueblo,día a día,a cada momento y en todo lugar.
Para generar nuevas ideas y disputar espacios reales de poder y,desde ahí,generar los prioritarios cambios que tanto deseamos y necesitamos,anhelamos y desarrollamos,construimos y cultivamos,todos juntos.